Concepto de cientificismo

La palabra cientificismo está formada por términos tomados de la lengua latina. Se integra por “scientificus” que equivale a científico, o sea a lo que se ajusta a los métodos de comprobación empírica, más el sufijo “ismo”, que alude a que se trata de una doctrina.

El cientificismo es aquella doctrina que solo acepta como conocimientos certeros e indubitables, los que puedan comprobarse mediante la observación y la experimentación, que son las bases usadas por el conocimiento científico para proponer sus leyes, que se consideran universalmente válidas. Por lo tanto, el método científico, inductivo (parte de la observación de casos particulares para luego generalizar) según el cientificismo, debería extender su campo de aplicación a otras realidades, además de las Ciencias Naturales, incluyendo la intelectualidad y la moral. El futuro, para los cientificistas está en manos de la ciencia, que puede resolverlo todo, hasta problemas de larga data, como la pobreza y el analfabetismo.

Es un término usado, en general, por quienes defienden conocimientos no científicos, como igualmente ciertos, como el caso de los religiosos, de los astrólogos o la acupuntura, para denostar a los que exageran la importancia del método científico.

El Iluminismo del siglo XVIII, y su pasión por el racionalismo, dieron a la ciencia un lugar privilegiado, y el positivismo que llegó a su apogeo en el siglo XIX, aspiró a extender la aplicación del método científico a toda la realidad, natural y social, para hacerlas predecibles y controlables. Por ejemplo, Augusto Comte, positivista y considerado el padre de la Sociología como ciencia, tuvo el anhelo de lograr una ciencia de la sociedad, a la que consideraba como un organismo vivo, que pudiera “curarse” si se “enfermara”, aplicando las reglas de la Física, su más admirada disciplina, por la certeza de sus leyes.

Paul Feyerabend, fue un crítico al cientificismo, que en su obra “Contra el método” de 1975, explica la conveniencia de un anarquismo epistemológico, aplicando métodos adaptables al contexto y no siguiendo reglas fijas e inmutables, que redundan en perjuicios a la propia ciencia, que termina siendo poco realista.

La ciencia busca la verdad, pero la certeza es imposible, como lo demuestran nuevas investigaciones que dan por tierra con leyes científicas que parecían incuestionables. Si bien las conclusiones científicas son confiables, no tienen el carácter de verdades absolutas, y por eso, están siempre abiertas a la revisión y al progreso. El filósofo austriaco, Karl Popper (1902-1994) ha afirmado que los hallazgos científicos no pueden verificarse, sino que sus comprobaciones pueden solo ser falsadas.

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