Concepto de cosmético

La palabra cosmético reconoce su origen etimológico en el término griego “kosmetikós” que se traduce como “perteneciente al adorno”. Un cosmético es todo aquel elemento o producto, natural o sintético, que se utiliza para embellecer y mejorar la apariencia personal. Puede tratarse cremas o lociones para hidratar o suavizar la piel, champús para el cabello, cremas de peinar, acondicionadores de pelo, pinturas de uñas, ojos o labios, base de maquillaje, rubor, colorantes de cabello, etcétera. No poseen función farmacológica. Por ejemplo, un jabón puede ser un producto cosmético, pero si es antiacné, ya no lo será, pues será un medicamento. FDA, son las siglas del organismo que regula en Estados Unidos a los cosméticos que es la Administración de Alimentos y medicamentos. Algunos vienen adaptados a cada tipo de piel, y otros son hipoalergénicos. Para probar que son inocuos se ha acostumbrado a probarlos en animales antes de sacarlos a la venta. Gracias a los activistas por los derechos del animal se está prohibiendo esta inescrupulosa práctica, que ya está erradicada en la Unión Europea, Israel, India y Noruega, entre otros países.

Las primeras civilizaciones ya usaron cosméticos, entre ellos, egipcios, griegos y romanos, valiéndose de elementos extraídos de plantas y animales, e incluso empleaban la saliva de las esclavas, para sus preparaciones. Los maquillajes egipcios contenían sales de plomo, que los protegía de las infecciones oculares. Pintaban sus ojos con sales de color negro o verde, colores que lograban fusionando tierra, cenizas y tinta. Se pintaban los labios con un producto hecho con ocre rojo y óxido de hierro natural.

Las romanas usaban las sales de plomo para blanquear su piel, uso que se extendió hasta la Edad Moderna y principios de la Contemporánea, cuando lucir una piel de tono enfermizo era moda.

Cleopatra se bañaba con leche de burra, que aseguraba era el secreto de su bella piel. La segunda esposa del emperador romano Nerón, Popea Sabina, famosa por su hermosura, también se bañaba con esta leche, y la usaba también para hacerse cataplasmas en la cara, durante la noche, mojando en ella miga de pan.

Los primeros laboratorios cosméticos surgieron en Italia en el siglo XVI. Los monjes dominicos crearon la “Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella”, elaborando cosméticos y productos farmacéuticos con hierbas de sus propias huertas.

Los cosméticos en la moda francesa fueron introducidos por Catalina de Médici (1519-1589) esposa del rey Enrique II entre 1547 y 1559; y su amiga, Catalina Galigai, abrió el primer Instituto de belleza parisino.

Entre los productos cosméticos de la época destacaban pintarse los labios con pétalos de geranio o mezclando cera de abejas con cochinilla y suavizaban la piel mezclando miel y limón.

El Parlamento inglés en 1786, a través de un decreto, estableció la realización de un inventario de productos cosméticos y los grabó tributariamente.

Los cosméticos incluían sustancias que ponían en peligro la salud. A raíz de ello en el año 2009, el parlamento Europeo, prohibió que se emplearan en su elaboración, plomo y arsénico.

En Literatura “cosmética del enemigo” es una novela de la escritora belga Amélie Nothomb, cuyo título original es Cosmétique de l'ennemi, publicado en 2001. Fue adaptado para el cine en el año 2020, por el director Kike Maíllo.

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