Concepto de ungüento

Ungüento es un término de origen latino. Se derivó de “unguentum” en el sentido de lo que sirve para ungir, que es la acción de untar con aceite una superficie. Fueron usados como perfumes, ya que eran fabricados con aceite de oliva y sustancias aromáticas. De su preparación se encargaba el perfumero. La Biblia menciona varias veces la palabra ungüento como sinónimo de perfume. En Israel se han hallado frascos de pequeño tamaño, de vidrio, hueso o marfil que se usaban para envasar los ungüentos, que se hacían a base de aceite de olivas o de almendras. Además de sus fines rituales, los empleaban para la belleza de su piel y su cabello. Se usan también con finalidades religiosas y en la antigüedad para el embalsamamiento de los cadáveres.

En la actualidad se usa la palabra ungüento como sinónimo de pomada. Son preparados farmacéuticos semisólidos, compuestos por grasas u otras sustancias similares, que no contienen agua (o en muy poca cantidad) como uno de sus componentes, y esto es lo que lo diferencia de las cremas, que tienen agua en más de la mitad de su composición. Las cremas, al igual que los ungüentos son de aplicación externa (sobre la piel) con efectos medicinales o cosméticos, pero los ungüentos se colocan en zonas secas debiéndose evitar en partes húmedas.

Como base de los ungüentos se usa en general, vaselina, que es una mezcla de hidrocarburos, o también lanolina, que se extrae de la lana, o cera de abejas.

Al aplicar el ungüento sobre la piel le proporciona una capa impermeable, que evita que el agua se evapore y por ende es un buen hidratante, pues, aunque no proporciona humectación, evita que el agua se pierda. Son protectores de la piel por sus sustancias grasas que son emolientes, y sus principios activos van ingresando a través de la piel de modo paulatino.

Para mejorar la piel (estrías, descamaciones, irritaciones, psoriasis, o eliminar manchas o cicatrices) se utilizan ungüentos balsámicos, preparados con ceras vegetales y aceites esenciales.