Concepto de toxina

Para encontrar el origen etimológico de la palabra toxina hay que retrotraerse al griego pues en ella vemos de donde parte la misma. En concreto lo hace del término toxikon que vendría a traducirse como veneno.

Partiendo de esta premisa nos encontramos con que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua determina que toxina es un sustantivo femenino que se emplea en el campo de la Biología para referirse a todo aquel veneno que es producido por organismos que están vivos. Estos pueden ser tanto plantas como animales bacterias u otras clases de organismos de tipo biológico.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX fue cuando comenzó a utilizarse este concepto y en concreto el pionero en hacerlo fue el químico Ludwig Brieger. Y a partir de ese instante se convirtió en una palabra muy empleada en el sector científico.

Las funciones que tienen las toxinas básicamente pueden establecer en dos categorías. Por un lado, está la defensiva y por otro la depredadora. Y en ambos casos se hace necesario subrayar que la potencia de las mismas es variable pudiendo provocar desde un simple un daño intenso pero breve en el tiempo, como sería la picadura de una avispa, hasta incluso la muerte.

Partiendo de todas estas ideas hay que establecer que existen diferentes tipos de toxinas entre las que destacan las siguientes: miotoxinas que son las que afectan a los músculos provocando la total parálisis; hemotoxinas que son las que se transmiten a través de la sangre; neurotoxinas que son las que afectan al sistema nervioso o las apitoxinas que son las que producen las abejas.