Concepto de angustia

La palabra angustia deriva etimológicamente del vocablo latino “angustus” que designaba los caminos estrechos, que por ello eran difícil de transitar. De ese significado material, se pasó a nombrar mediante la palabra angustia una sensación negativa de opresión, que es cuando alguien siente que lo que se le hace estrecho y dificultoso es ver la salida a sus problemas o a su malestar interior.

La angustia puede acompañar al miedo, a la incertidumbre, al desamor, o no reconocer causa externa, sino ser derivada de un problema psíquico.

Para Freud, La angustia neurótica se genera a partir de la represión del instinto sexual, es la líbido no satisfecha lo que se convierte en angustia. Comprobó que la angustia es un modo que tiene la persona de escapar al peligro interno generado por las exigencias que demanda la líbido.

Más tarde Freud distinguió entre la angustia neurótica, que puede ocurrir como angustia expectante, fóbica o como estado más duradero, frente a una amenaza que no es real; y la angustia realista, que se presenta ante un peligro concreto. Si la reacción es positiva permite liberarnos o alejarnos de él, y si es negativa, nos paraliza.

El filósofo Sören Kierkegaard escribió en 1844 “El concepto de angustia” donde distinguió una angustia negativa, la del hombre que se siente solo, indeciso y temeroso ante una realidad que se le aparece como infinita e incierta, y una angustia positiva, que ocurre en lo religioso, en su relación con Dios, donde el hombre acepta que es un ser limitado, enfrentado a lo trascendente, representado en el Creador.

Para Sartre (1905-1980) la angustia se genera como consecuencia de la libertad en que el hombre realiza sus elecciones, pues de ellas es totalmente responsable y no está seguro de que hayan sido las correctas. Por lo tanto la angustia para Sartre se genera por un miedo hacia nuestras propias decisiones y no ante peligros externos.