Concepto de angustia

Etimología y significado

La palabra angustia, etimológicamente, nos remite al vocablo latino “angustus” que significa estrecho o angosto, referido por ejemplo a un abismo, que se debía saltar, para salvaguardarse. Estando ese significado vinculado a lo psicológico, en la actualidad, se trata de un vacío interior, que se debe "saltar", pero no se sabe cómo, pues en realidad "el abismo" o sensación de inseguridad y desaliento, no es concreto, sino una creencia de que algo sucederá, pero indeterminada.

La angustia en Filosofía

Sören Aabye Kierkaegaard (1813-1855) precursor del existencialismo escribió en 1844 “El concepto de angustia” expresando que son causas de la angustia humana la realidad infinita y la indecisión ante el obrar, pero también reconoce una angustia positiva, que acerca al hombre a Dios, a través de la fe, donde el hombre se descubre como ser limitado, enfrentado a la trascendencia de la divinidad. El animal no se angustia pues no posee determinación de espíritu.

Martín Heidegger (1889-1976) observa que el hombre es el único ser creado que puede plantearse el tema del ser y su sentido, y ante la finitud de la existencia, el hombre experimenta angustia, de la que trata de escarpar refugiándose en sus valores ficticios cotidianos, no auténticos. Los auténticos están dados por aceptar que es un ser destinado a morir.

La angustia en el psicoanálisis

Freud la define como un estado afectivo muy extendido en la población, penoso indeterminado, no motivado por algo específico; en esto se diferencia del miedo, que es siempre referido a algo determinado. La angustia también es miedo, pero sin una causa real. Para Freud, la angustia surge a causa de la represión de deseos, apareciendo como una respuesta del "yo" ante las presiones del "ello".

La angustia muchas veces acompaña frustraciones y conflictos, que imaginamos pueden suceder, como por ejemplo, “Me angustia pensar que pueda perder mi trabajo”, expresada por una desorganización conductual que puede oscilar entre la tristeza o la depresión y el miedo o pánico.

Esta es la angustria que Freud llama neurótica, pero reconoce otro tipo de angustia, la realisra, que prepara para una situación de peligro, incrementándose la atención, para lograr escapar, si la reacción es adecuada. en algunos casos, la respuesta puede ser inadecuada, y termina paralizando al individuo o exponiendolo a un peligro mayor.

Síntomas de la angustia

Una persona angustiada respira entrecortadamente, siente palpitaciones, posee sensación de ahogo, náuseas, etcétera. Dependerá del grado de angustia si la persona requiere tratamiento psicológico y/o psiquiátrico.