Concepto de odio

La palabra odio proviene etimológicamente del latín “odium”, y designa el acto y el efecto del verbo odiar, del latín “odisse” que alude a un sentimiento negativo que nos lleva a sentir rechazo excesivo y violento hacia algo o hacia alguien, a veces acompañado de deseos de venganza. Los filósofos griegos ya consideraban que odiar a los enemigos era malo. Así lo expresó Sócrates cuando decía que había que hacerles bien tanto a los amigos como a los enemigos, pues hacerles mal a los enemigos, solo iba a lograr volverlos más malos.

Concepto de odio

Ejemplos: “Odio las guerras, causan destrucción y muerte”; “odio esta clase de Matemática, es aburrida e inentendible” o “la traición de Juan hizo despertar en mí un horrible sentimiento de odio”.

El odio despierta las pasiones más negativas, además del deseo de venganza, la ira y el desprecio. El odio perdura en el tiempo, y según Freud se orienta a destruir el objeto que nos ocasiona la imposibilidad de ser felices. Se dice que el antónimo del odio es el amor; pero que también hay un paso entre ambos sentimientos, pues solo se odia lo que nos importa, lo que nos conmueve. El odio no es indiferente sino que absorbe gran parte de nuestros sentimientos, y si nos domina el odio contra otro ser humano, se vuelve en nuestra contra haciendo de nosotros seres resentidos e infelices.

El odio entre seres humanos puede surgir entre individuos por motivos personales “odio a mi compañero de escuela pues me discrimina”, “odio a Juan pues me quitó la novia” o “el odio me domina cuando recuerdo la estafa de la que mi cuñado me hizo víctima”. También puede surgir entre naciones; y esto puede conducir al quiebre de relaciones diplomáticas o incluso terminar en guerras.

Algunas odios pueden ser irracionales y producto de prejuicios, como ocurre con el odio racial, y constituir fuente de delitos graves.