Concepto de detestar

Detestar es un verbo de primera conjugación que nos remonta etimológicamente al latín “detestari” integrado por el prefijo de separación “·di” y por “testari” en el sentido de atestiguar. Literalmente sería apartar o rechazar algo mediando testigos divinos.

Se trata de un sentimiento negativo que nos impulsa a apartar aquello que nos es ingrato, que nos hace sufrir, que nos provoca disgusto o malhumor. Se pueden detestar a cosas, situaciones, ideas, animales o personas, y esto puede ser transitorio, ocasional o permanente, y las causas en general son altamente subjetivas. Lo que ayer se detestó hoy puede ser agradable y viceversa.

Ejemplos: “Detesto ir a casa de mi tía, pues los adultos conversan y yo me aburro mucho”, “Detesto hacer la tarea de la escuela, pues me quita tiempo para jugar”, “Mis primos detestan viajar, y sin embargo a mí me divierte mucho”, “Mi padre detesta las reuniones de trabajo pues le quitan tiempo para compartir en familia”, “Mi abuela detesta que yo use el celular mientras me habla”, “Detesto los garbanzos”, “Detesto el carácter arrogante de mi vecino, que pasa y no saluda”, “Detesto las ideas neoliberales”, “Mi hermano detesta a los gatos desde que uno le mató a su pájaro” o “Antes detestaba salir de compras, y ahora que soy más grande lo disfruto mucho”.

Detestar nos produce una sensación de rechazo e incomodidad, pero no promueve en general el resentimiento ni los deseos vengativos del odio, aunque puede conducir hacia esa emoción si no se controla a tiempo o no se elaboran estrategias para evitar lo que es objeto de rechazo.

Cuando se detesta en grado superlativo, se aborrece, pues se siente horror frente a lo que se rechaza y no un mero disgusto.