Concepto de detestable

Detestable, es un adjetivo que procede del latín “detestabilis”, que califica a todo aquello que merece rechazo, por ser nocivo, malo, perjudicial, infame, censurable, reprobable o despreciable, entre otros atributos negativos.

Puede aplicarse a todo tipo de cosas, materiales o inmateriales o a sujetos; pudiendo tener un alto componente subjetivo; salvo que, por el grado de crueldad o malicia del hecho o fenómeno, sea claramente abominable, y nadie pueda negar su desprecio hacia ello; sin que no exista posibilidad de defenderlo.

Ejemplos de uso objetivo: “Me pareció detestable la conducta del muchacho, que insultó al anciano solo por caminar despacio, e interponerse en su raudo andar; con solo pedirle permiso, hubiera solucionado el inconveniente”, “Las ideas violentas y antidemocráticas del político enfurecieron a la ciudadanía, que se manifestó contra esa posición detestable”, “Las costumbres de esa secta fanática son detestables, pues no dejan pensar a sus miembros, y los manejan a modo de rebaño”, “La traición y la mentira son detestables”, “Usó un lenguaje detestable, con frases discriminadoras, para referirse a su ex esposo”.

Ejemplos de uso subjetivo, pero con fundamentos: “Me parece detestable que se organicen corridas de toros, aunque hay algunas personas que defienden esta práctica, basados en la tradición, que, a mi juicio, debería cambiar”; en otros casos, se trata de meras opiniones o gustos: “Detesto la sopa desde que era pequeño”, “Para mí, es detestable que mi primo me hable mascando chicles, pero su madre cree que no es tan grave que lo haga” o “Hay ciertas melodías que son detestables a mi juicio, aunque sé que a muchos les gustan”

Lo opuesto a lo detestable, es aquello que es grato, reconfortante, positivo, benévolo y gratificante.

El bien y el mal, como opuestos, es lo que está presente en casi todas las culturas y religiones; como lo santo y lo maléfico o diabólico; que nos lleva a tener sentimiento de aprecio hacia el bien y de desprecio hacia el mal, que nos parece detestable. Son equivalentes a las fuerzas opuestas y complementarias, del yin y el yan, del taoísmo chino.

Sin la existencia de lo detestable, no apreciaríamos lo bueno; pues cuando estamos ante algo que nos desagrada, ansiamos recuperar aquello que nos hace bien y nos complace; o hacer que esas acciones que nos parecen crueles o aberrantes, cesen, para restablecer nuestra armonía interior y la del mundo que nos cobija.