Concepto de proyección

La palabra proyección proviene en su etimología de latín “proiectĭonis” aludiendo a la acción y al resultado de proyectar, del latín “proficere” palabra integrada por el prefijo “pro” que indica antelación y por “facere” que se traduce como “hacer”. O sea, hacer en el futuro, más allá de uno mismo o con un alcance mayor. Posee varias acepciones:
En Geometría, una proyección es una técnica que se emplea en dibujo, y designa a la figura resultante de llevar los puntos de otra, a una superficie distinta y plana, uniendo las intersecciones de las líneas que el objeto posee desde su vértice. Para ello se deben considerar los siguientes elementos: el foco de proyección, el punto a proyectar, el proyectado, la línea proyectante y el plano que va a ser el soporte de la proyección. Un tipo de proyección es la perspectiva, que cumple en la pintura un rol importantísimo.

Concepto de proyección

En Cartografía se usan las proyecciones para representar en planos la superficie terrestre o en un globo terráqueo. Existen varias: la cilíndrica de Mercator, la cónica de Lambert o la estereográfica polar.

Cuando hacemos planes futuros (proyectos) también estamos proyectando: “Estoy proyectando comenzar mis estudios universitarios”.

Si por medio de un foco luminoso hacemos aparecer una imagen en una superficie, como cuando vemos una película, decimos que la estamos proyectando.
La repercusión de un evento también recibe ese nombre: “el atentado genocida tuvo proyección internacional”.

En Psicología la proyección consiste en que un individuo atribuye sus propias virtudes y especialmente sus defectos a otra persona como mecanismo de defensa. En la proyección positiva incorporamos en el otro, virtudes, sentimientos, pensamientos y valoraciones que nos gustaría que comparta con nosotros, lo que es típico del enamoramiento. En la proyección negativa, las ideas, impulsos, sentimientos que nos negamos en nosotros y nos asustan, se los adjudicamos a otro, pues en nosotros se nos presentan como inaceptables. En la actualidad se lo considera un mecanismo de defensa primario, aunque cuando el término fue acuñado en 1895 por Sigmund Freud, éste lo reservó para las personalidades paranoides.