Concepto de sensibilidad

La palabra sensibilidad proviene del latín “sensibilitatis” que a su vez procede de “sensum” con el significado de “sentido”, lo que puede aplicarse a seres animados o inanimados capaces de reaccionar ante ciertos estímulos, por ejemplo en los aparatos destinados a medición, como puede ser una balanza, ésta tendrá más sensibilidad en cuanto sea capaz de pesar cantidades más ínfimas y livianas.

Biológicamente la sensibilidad se relaciona con los cinco sentidos (gusto, oído, olfato, tacto y vista) que nos permiten captar los estímulos externos (las cosas que nos rodean) a través de sensaciones. También percibimos sensaciones desde dentro de nuestro cuerpo por medio de los interoceptores, que nos da cuenta de nuestras vísceras, al contraerse los músculos lisos que las rodean. Además, ubicados en las terminaciones nerviosas de las fibras de los músculos, recibimos información de la posición de nuestra musculatura por medio de la propiocepción lo que nos faculta a regular nuestros movimientos. En los seres animados puede hablarse en este mismo sentido de la sensibilidad a la luz (fotofobia) al sonido (hiperacusia) o la sensibilidad al dolor, que hace que algunas personas sientan más dolor que otras ante el mismo estímulo.

Se puede tener sensibilidad a la acción de medicamentos u otras sustancias, cuando ellos provocan mayor reacción de lo habitual.

La sensibilidad suele aludir a aquellas personalidades que sienten por otros seres vivos y aún ante cosas que estimulan sus recuerdos o recrean vivencias, angustia, alegría, ternura, compasión y otras emociones, al sentir empatía. Las personas con mucha sensibilidad suelen expresarlo en creaciones artísticas o literarias, otras pueden dedicarse a tareas solidarias, a la medicina, al sacerdocio, etcétera.