Concepto de ánfora

La palabra ánfora se originó en el griego ἀμφορεύς, que puede leerse “ámphoreus”. El término se integra de “αμφι” (léase “amphi”) en el sentido de “ambos lados” y de “φερειν” (léase “phereĭn”) que se refiere al verbo llevar. Pasó al latín como “amphora” para ser tomada de allí por el español.

Un ánfora en un recipiente o vasija de barro o cerámica (aunque puede también haber metálicas, como las egeas que eran de bronce) con un cuello largo y bastante fino, que posee dos asas, una a cada lado, para poder de allí tomarla, con el objeto de transportar dentro de ella, especialmente sustancias líquidas, para lo cual el interior se recubría con brea, para evitar filtraciones. Si bien la mayoría tenían una altura de medio metro, algunas triplicaban esa medida.

Fueron muy usadas en las antiguas civilizaciones, desde el siglo XV antes de nuestra era, cuando aparecen en las costas sirias y del Líbano. Pronto su uso fue extendido a otros pueblos, entre ellos los egipcios, siendo entre los griegos y romanos, donde ya aparecen las ánforas con el cuello largo, los que las emplearon no solo para contener en ellas líquidos (agua o vino) sino también cereales, aceitunas o aceite de oliva, pescados, etcétera.

Es ánfora también una medida de capacidad ya en desuso, que emplearon los romanos y que equivalía a 26,2 litros.
En el siglo VII aparecieron otros recipientes confeccionados con piel y madera, que sustituyeron paulatinamente a las ánforas.
En la actualidad se usan en aromaterapia. Son pequeñas, de cerámica, y se cuelgan del cuello. Contienen esencias que se van activando con el uso personal.

También en ánforas pueden guardarse las cenizas que quedan luego de la cremación de cadáveres.

En México, las ánforas son pequeñas botellas que contienen bebidas alcohólicas (petacas).

En la religión católica, son ánforas, los cántaros de plata que usan los obispos los Jueves Santos, para consagrar los óleos.