Concepto de arraigo

La palabra arraigo, acción y efecto del verbo pronominal, irregular y de primera conjugación, arraigar, está compuesta por los siguientes vocablos latinos: la preposición “ad”, equivalente a “hacia”, y “radix”, que significa, “raíz”.

El arraigo, es, entonces, el acto y el resultado de echar raíces, ya sea en forma literal, como ocurre con una planta, o, en sentido figurado, cuando alguien se afinca en un sitio, y crea allí fuertes lazos emocionales, de los que no quiere alejarse. Tener arraigo en un lugar: familia, club, iglesia, escuela, partido político, trabajo, barrio, ciudad, provincia, país, etcétera, implica sentirse parte de esa comunidad, compartir valores y costumbres, y desear que esa situación sea permanente.

Alguien puede arraigarse a un lugar, porque es el que nació o al que siempre perteneció; pero, también puede adquirirse, luego, por propia elección, como cuando alguien se muda de escuela, trabajo, barrio, país, etcétera, y se siente cómodo con ese cambio. Sin embargo, cuando alguien debe irse del sitio al que se encuentra arraigado, por cuestiones ajenas a su voluntad, resulta muy traumático, y se denomina desarraigo. El sujeto, extraña, se angustia y no logra adaptarse al nuevo lugar. Tal vez eso sea temporal, y, con el tiempo, logre crear lazos con su nuevo entorno, y se arraigue allí. Eso dependerá de la capacidad de adaptabilidad del sujeto y las condiciones del ambiente, que, de ser hostil, no favorecerá al arraigo, y, si es acogedor, sí.

Ejemplos: “Estoy tan arraigado a mi familia, que no podría irme a vivir a otro país sin ellos”, “Me mudé hace tres años a esta ciudad, y ya he logrado tener tanto arraigo, que es como si siempre hubiera vivido aquí” o “Mi arraigo en esta iglesia es muy importante para mi salud espiritual, acá encuentro paz y plenitud”.

Se habla de costumbres o ideas arraigadas, para hacer referencia a aquellos hábitos o pensamientos, que se han instalado de tal modo en la conciencia popular y/o individual, que es difícil modificarlos, por ejemplo: “Mi padre es muy patriarcal; tiene arraigada esa ideología, y, por más que le explico sus inconvenientes, se mantiene firme en su postura” o “En mi pueblo se ha arraigado la costumbre de hacer reuniones vecinales los fines de semana; y, si no pueden hacerse, la gente se siente triste”.

En Derecho Procesal, el arraigo, es una excepción que puede oponer el demandado, aceptada en algunos países, siempre que no haya tratado internacional con el Estado al que pertenece, para obligar al actor extranjero, a garantizar el pago de las costas judiciales, en caso de resultar vencido.