Concepto de tropelía

La palabra tropelía, es un derivado del sustantivo, de origen latino, “troppus”, a su vez del fráncico “throp” en el sentido de amontonamiento. En el francés, fue tomado el vocablo, como “troupe”, aplicado, a las aglomeraciones o masas, especialmente del ejército, y de allí pasó al español, como tropa. Tropelía también se vincula con tropel, con idéntico origen, que son conjuntos de individuos que se mueven desorganizada y violentamente; siendo tropelía, un acto abusivo efectuado por alguna autoridad, que excede su poder de mando, o por cualquier persona que acciona de modo arbitrario, violento e ilegal, provocando vejaciones y atropellos contra la dignidad humana, afectando a la víctima, en sentido físico y/o moral.

Las tropelías son los actos indignos, condenados por la moral y el Derecho, que se constituyen en un problema social, que difícilmente pueda ser evitado, pues aún en las condiciones más satisfactorias, la maldad, aflora, en mayor o menor medida, en algún momento, como lo comprueba la historia humana.

Ejemplos de uso:

“El joven acumuló un extenso prontuario, donde constan un sinnúmero de tropelías, efectuadas por él y los miembros de su banda de delincuentes”, “Se cometieron terribles tropelías, contra los presos políticos, cuyo único crimen fue oponerse a las medidas gubernamentales opresivas” o “Si mi jefe continúa con sus tropelías, renunciaré a mi puesto de trabajo, pero presentaré una denuncia en su contra, por malos tratos y abuso de autoridad”.

“El poder corrompe” es una frase célebre del filósofo iluminista francés, Montesquieu, que la historia ha verificado; aunque la psicología, relativiza. Es posible, que quienes aspiren al poder político, sean personas que quieran valerse del mismo, para potenciar su personalidad abusiva, preexistente, y, en este caso, alcanzado el mismo, aprovecharán la autoridad de la que el cargo los inviste, para cometer tropelías, violentando los derechos de quienes están bajo su mando. Sin embargo, otras personas, ejercerán su poder como líderes, dando órdenes razonables y escuchando las opiniones y necesidades de su pueblo, sin realizar tropelías. El poder, solo potencia, lo que la persona era, antes de poseerlo. Pero, como es difícil saber de antemano, como gobernarán, es recomendable, no otorgarle a ningún gobernante la totalidad de los poderes estatales, sino optar por la división del mismo, a efectos de ejercer controles recíprocos.