Concepto de absorto

La palabra absorto, procede del vocablo latino “absorptum”, resultado del verbo “absorbere”, del cual es su participio; que se integra con los siguientes términos: el prefijo de separación, “ab” y el verbo “sorbere” que se traduce como sorber o tragar. Quien está absorto, tiene absorbida su mente, por un hecho o por un pensamiento, que lo ha conmovido.

Quien está absorto está concentrado en el objeto que ha captado su atención, alejándolo y distrayéndolo de todo el entorno. La persona se aleja de la realidad, queda poseído de la situación o pensamiento que lo conmovió el que acapara su mente. El sujeto se muestra distraído, ensimismado, pudiendo tener los ojos cerrados si está fijando su atención en una idea o pensamiento, o tener los ojos y la boca abierta si es el asombro lo que absorbió su mente.

Alguien puede estar absorto en un problema que le preocupa e intenta resolver, en un pensamiento que lo inquieta o acongoja, en una lectura o película, cuyo argumento le parece muy interesante, en el aprendizaje de algún contenido o ante la contemplación de un paisaje, persona, animal o cosa, que lo asombra y conmueve.

Ejemplos de uso: “El hombre estaba tan absorto, pensando que en pocos días contraerá enlace, que olvidó pagar una deuda”, “Estaba absorto mirando su teléfono celular cuando cruzó la calle, y un automóvil lo embistió”, “Quedé tan absorto mirando el sol que se escondía entre la frondosa arboleda, mientras los niños jugaban felices, que no advertí que había pasado tanto tiempo” o “La joven, absorta en la lectura, no percibió, que, a pocos metros de ella, le estaban hurtando su dinero a un hombre”.

En todos los géneros literarios es frecuente encontrar este calificativo, por ejemplo, en la Rima LIII, de Gustavo Adolfo Becquer, el poeta le dice a su amada, que volverán otras golondrinas, habrá otras flores, y seguramente llegará a su vida otro amor, pero que ya nadie la va a querer como él lo hizo: mudo, absorto y de rodillas, al modo en el que se adora a un Dios en su altar.