Concepto de ciática

La palabra ciática o ciático, llegó al español desde el latín tardío “sciatĭcus, derivado de “scia”, término que hace referencia a la “cadera”, que es la articulación esférica, donde se produce la unión del hueso del muslo con el de la pelvis.

El nervio llamado ciático es aquel que desde la espalda baja, se ramifica por las caderas y glúteos, extendiéndose en forma descendente por las piernas, en su parte posterior, llegando hasta la pantorrilla, siendo el nervio de mayor extensión, que al llegar la rodilla se bifurca en el nervio tibial y en el fibular común. Cuando esa zona del cuerpo duele, la persona tiene dolor de ciática, que generalmente afecta a un solo lado del cuerpo, donde se siente inflamación, dolor en grado variable, desde leve a moderado, hasta agudo, acompañado, a veces, de entumecimiento u hormigueo en la pierna y de una sensación como que se produce una descarga eléctrica. Suelen intensificarse las molestias o el dolor en estado de reposo, y verse dificultada la marcha, agacharse o quedarse en la misma posición durante un tiempo.

El nervio ciático puede comprimirse o pinzarse, a causa de una hernia discal; por protuberancias óseas que se forman a lo largo de los bordes óseos, conocidos como espolones, que se asocian con la osteoartritis; o por una estenosis vertebral, ya que, al estrecharse este conducto, presiona al nervio ciático. Esto se confirma con estudios de rayos X y resonancia magnética. Otra causa menos complicada, es por contractura del músculo piriforme, que se encuentra en las nalgas, detrás del glúteo mayor, cercano al nervio ciático.

Estos problemas son más asiduos en personas de más de cincuenta años, aunque hay algunos jóvenes de treinta años, que también la sufren, a causa de malas posturas, sedentarismo, estrés, obesidad, embarazo, lesión pelviana o genética. Son menos frecuentes, pero existen, los dolores ciáticos ocasionados por la presencia de tumores, o por ser diabético, lo que puede producir neuropatías.

Como medidas preventivas, se recomienda cuidar la postura al sentarse y al levantar cosas pesadas, realizar ejercicios de modo regular y una dieta para mantenerse en el peso adecuado.

Es raro que se recurra a la cirugía ante este padecimiento. En general, el traumatólogo o fisioterapeuta, recomiendan analgésicos, antiinflamatorios, aplicación de calor, ejercicios específicos de estiramiento leve y fisioterapia. La intervención quirúrgica es un último recurso que se usa cuando la pierna está demasiado debilitada o con pérdida de sensibilidad, o afecta la vejiga o el intestino.

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