Concepto de deceso

El origen etimológico del vocablo deceso, lo hallamos en el latín “decessus”, acción y efecto del verbo “decedere” que significa “retirarse”. Deceso es, entonces literalmente el acto y la consecuencia de alejarse, que se aplica específicamente en nuestros días al alejamiento físico que se provoca de modo definitivo, tras la muerte de alguien.
Son sinónimos de deceso, muerte, fallecimiento, defunción, expiración, óbito, entre otros.

El deceso de los animales y personas puede ser un hecho natural, ya que la vida no es eterna, y puede terminar como consecuencia de alguna enfermedad o por el desgaste normal del organismo; o puede ser accidental, cuando ocurre por fatalidad, por causas ajenas a la acción humana intencional, como quien se cae de gran altura o es víctima de un terremoto; o por obra dolosa del hombre, ya sea producida por su propia decisión (suicidio) o por obra de terceros (asesinato). En este último caso, el responsable será pasible de una severa condena, si se demuestra su autoría en el crimen, por parte de los tribunales penales que se encargarán de juzgarlo.

El deceso es el momento en que la vida terrenal acaba, siendo un misterio lo que luego sucede, explicado por diferentes vertientes religiosas de modos distintos; y aceptado por los ateos como el comienzo de la nada. Así como los humanos celebramos el nacimiento, el deceso es un momento de angustia pues el ser querido ya no compartirá momentos cotidianos con nosotros. Por eso tras el deceso de un ser querido, se atraviesa un período de duelo, rindiéndose las honras funerarias, de acuerdo al credo de cada uno. Sin embargo, otras culturas como el budismo y el hinduismo, aceptan con más naturalidad el deceso, como parte de un ciclo que volverá a comenzar, en una nueva existencia.

Médicamente el deceso se comprueba porque el cerebro carece de actividad bioeléctrica, lo que se comprueba mediante un electroencefalograma, aunque esto no es definitorio en un cien por ciento. Por eso se aplican para confirmar el deceso otras técnicas más modernas, como, por ejemplo, el ultrasonido transcraneal. La homeostasis resulta imposible de lograr.

Jurídicamente, tras el deceso de un ser humano, se abre la sucesión de sus bienes, que pasarán a manos de sus herederos, testamentarios o legítimos. Si ha contratado en vida un seguro, y pagado la prima, la empresa aseguradora deberá abonar el importe prometido a los designados como beneficiarios.