Concepto de drenar

La palabra drenar se originó en el inglés “drain” en el sentido de desecar. Del inglés la tomó el francés como “drainer” y así llegó al español, de la mano de técnicas de drenaje que trajeron los ingleses para la agricultura.

Drenar significa desaguar, lograr sacar el líquido de un lugar. Se aplica a los terrenos donde hay mucha agua acumulada, para lo cual se hacen zanjas, o se usan cañerías. En las macetas, basta que se hagan en su base algunos agujeros para que la tierra logre drenar por allí, el agua sobrante. Los suelos con problemas de drenaje son en general los que poseen una capa superficial arcillosa. Por el contrario, los suelos arenosos son naturalmente propensos a drenar excesivamente y requieren ser regados con frecuencia.

En las ciudades, los sistemas de drenaje permiten que el agua de lluvia no se acumule e inunde calles, veredas y casas. Los líquidos domiciliarios son drenados a través de un sistema de cañerías sanitarias subterráneas.
En Medicina se utilizan los drenajes para sacar los fluidos anormales (líquidos o gases) de cavidades o heridas. Su uso es muy frecuente luego de una intervención quirúrgica, para evitar que la sangre acumulada forme coágulos. El drenaje permite que salga al exterior. Algo similar ocurre con los abscesos, que necesiten que se drene el pus que contienen.

En los casos de neumotórax, el aire acumulado en la pleura, que ocasiona colapso pulmonar, logra salir, colocando una aguja en la pleura, como drenaje. También puede drenarse por medio de un tubo torácico.

El drenaje linfático sirve para eliminar los desechos orgánicos y con ello depurar el cuerpo de toxinas y evitar o combatir, edemas e inflamaciones. Puede ser realizado con máquinas o de forma manual (masoterapia) por personas especializadas. Posee algunas contraindicaciones, como padecer problemas tiroideos, cardiovasculares o de presión sanguínea.