Concepto de devenir

Devenir, es un verbo que nos remite al latín “devenire”, que indica la acción de transformar un estado en otro. Implica movimiento y cambio, oponiéndose a la quietud.

Muchas transformaciones ocurren por obra de la naturaleza, como el caso del agua, que, con la acción del frío, deviene en hielo; pero, otras, son el resultado de acciones humanas, intencionales o imprudentes, pudiendo, esos cambios, devenir en efectos positivos o negativos. En el plano social, el devenir histórico, son los cambios culturales, que la humanidad experimentó con el paso de los años, donde se produjeron mutaciones, merced a guerras, acuerdos, descubrimientos científicos y tecnológicos, etcétera. Por ejemplo: “En el devenir histórico, podemos ver, cómo, el hombre, en su afán de progreso, ha agotado, muchas veces los recursos naturales, y ha expuesto, al medio ambiente a graves complicaciones” o “En la Historia podemos observar que el devenir, no ha logrado erradicar las guerras”.

Filosóficamente, el tiempo, es una preocupación constante, y plantea interrogantes, desde los comienzos de la existencia humana, ya que, su paso inexorable, va haciendo que las cosas cambien, siendo famosa la frase del filósofo griego Heráclito, que vivió en el siglo VI a. C: “Dos veces no podremos bañamos en igual río”, ya que, si bien el río puede tener el mismo nombre y estar situado en el mismo lugar, ha sufrido en el devenir, procesos de cambio, siendo el devenir, para Heráclito, lo único constante. Esta afirmación es la opuesta a la que formuló otro filósofo griego, contemporáneo suyo, Parménides, quien sostuvo que el cambio es engañoso, y existe en el ser, la idea de permanencia. Dijo que el devenir debía ser negado pues supondría la identificación del ser con la nada. Lo que percibimos como lo que se crea y desaparece es solo una opinión engañosa; porque el ser es inmóvil, imperecedero e increado.

El devenir de las ideas, fue estudiado en profundidad por el filósofo idealista alemán, Hegel (1770-1831) sosteniendo que la búsqueda de la verdad científica, debe hacerse a través de la reflexión sobre los opuestos, siendo el ser concreto, identidad y negatividad, a la vez. El devenir aparece, entonces, como tránsito constante entre lo que es interno y lo que es externo a la sustancia, y que nace de sí misma la necesidad de moverse, identificando el puro ser, con la pura nada.

A fines del siglo XIX el filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche, retomó la idea de Heráclito, sobre el devenir, describiendo un mundo caótico, que fluye en un devenir constante.

Volver atrás en el tiempo, y restaurar lo que el devenir ha impuesto, ha dado lugar a muchas producciones literarias y cinematográficas, que han imaginado viajes en el tiempo.