Concepto de fatuo

El adjetivo fatuo se originó en el latín “fatuus, a su vez procedente del verbo “fatuor” que designaba a la acción de quien estaba bajo el influjo de un delirio místico, y por lo tanto hacía o decía cosas extrañas e incomprensibles para el común de los mortales.

De ese primer significado se desprendió el que tiene en la actualidad, que califica de fatuo a quien hace afirmaciones disparatadas, carentes de sentido común y de lógica: “Tus fatuas opiniones me tienen sin cuidado” o “El político no logrará su reelección si sigue dando esos fatuos discursos”.

Por otro lado, también se dice que es fatuo aquel que es engreído y vanidoso, creyéndose más que los demás, y demostrándolo con gestos y acciones, que llevadas al extremo, pueden resultar ante los ojos de los demás. extraños y tontos, asociándose de este modo este segundo sentido con el primero: “Deja de comportarte como un fatuo, y admite que eres uno más de nosotros. Tu arrogancia solo hará que te quedes solo” o “Se cree muy listo y solo es un hombre fatuo, arrogante y despreciable”.

En ambos casos, como podemos apreciar, tiene una connotación peyorativa o negativa.

Vinculado a fatídico, otra acepción de fatuo, es referido al fuego que brilla tenue y casi imperceptible, originado de modo natural (frecuentemente por inflamarse ciertas sustancias como metano y fósforo contenidas en sustancias orgánicas en descomposición) en ciertas zonas como pantanos o cementerios. Por esa razón los fuegos fatuos son interpretados muchas veces como señales de presencias fantasmales. En “La historia interminable” del escritor alemán Michael Ende, famoso por sus obras fantásticas, describe la presencia de un fuego fatuo como una bola luminosa, temblorosa y de suave resplandor. Como metáfora se recurre a los fuegos fatuos en la Literatura para hablar de sueños irrealizables.