Concepto de magullar

El verbo magullar, del verbo latino “magular”, tomando la “ll” tal vez de “abollar”, surge etimológicamente del latín “maculare”, a su vez de “macula” que puede traducirse como mancha. Es por ello que magullar es la acción de producir magulladuras, marcas o moretones en la piel. Se trata de contusiones que no abren la piel, no la lastiman, sino que la golpean. Cuando por causa del golpe se abren algunos vasos sanguíneos (capilares) aparecen unas manchas moradas de al menos 1 centímetro (las más pequeñas se llaman petequias) que se conocen como moretones o hematomas, o más científicamente, equimosis, al quedar la sangre retenida por la piel y no salir hacia el exterior del organismo. Para hacerlos desaparecer el propio organismo se encarga de mandar hacia la zona magullada glóbulos blancos que ejercerán la función de curarla. Para acelerar el proceso es recomendable aplicar hielo sobre la zona, no directamente, sino envuelto en algún paño.

Ejemplos: “Los niños son muy propensos a sufrir magulladuras pues siempre están saltando y corriendo sin importarles los peligros”, “Me golpeé contra la pared y me quedó el ojo magullado con un terrible moretón”, “Por fortuna en la colisión automovilística nadie resultó herido de gravedad, solo tuvieron algunas magulladuras” o “Tengo mis piernas llenas de magulladuras de tanto jugar al fútbol”.

En general las magulladuras no son peligrosas, aunque cuando se trata de contusiones cerebrales, sí pueden serlo.
Las magulladuras pueden producirse por presión o por golpes, lo que además puede aplicarse a las frutas cuando éstas sufren esos daños: “Me vendieron manzanas magulladas y por eso iré a reclamar” o “Se me cayeron las naranjas de la bolsa y por eso quedaron magulladas”.

Por extensión, se aplica a las situaciones en que lo que resulta golpeado, es el espíritu: “Mi corazón quedó magullado desde tu partida” o “Se me magulló el alma al conocer tan terrible noticia”.