Concepto de argucia

La palabra argucia se derivó del vocablo latino “argutia”, a su vez del verbo “arguere”, en el sentido de argüir o argumentar, dejando algo en claro, aunque en el caso de la argucia, los argumentos son falsos y expresados con ingenio, para que resulten creíbles.

Son sinónimos de argucia: treta, artimaña, artificio, trampa, engaño, embuste, mentira, patraña y falsedad.

El propósito de la argucia es engañar con diversos fines: captar clientes o electores, estafar económica o sentimentalmente, evitar una condena, conseguir un favor, justificar una mala acción, etcétera. Se requiere ingenio, picardía y planificación, para que resulte eficaz.

Las consecuencias siempre son negativas, ya que lo que se logra a través de argucias o mentiras, nunca es digno de aprobación, aunque la gravedad dependerá de los fines a obtener. Si un niño usa una argucia para obtener una golosina, un juguete o un paseo, será algo natural y solo una picardía propia de la edad, pero si la emplea un adulto para aprovecharse de otras personas, es grave, especialmente cuando las perjudica en grado considerable en su salud física o mental; o, en sus bienes.

Ejemplos de uso: “Con sus argucias, el joven delincuente consiguió que la anciana le abriera las puertas de su casa, y una vez dentro, le quitó todas sus posesiones”, “El niño empleó todas sus argucias, que incluyeron llantos, súplicas y promesas, para que su padre le comprara el juguete”, “El abogado, por medio de una argucia legal, logró que se anulara el proceso y su cliente quedó libre, a pesar de tener muchas pruebas que lo incriminaban”, “Con argucias, el político logró convencer a la ciudadanía que sería un gobernante brillante, y una vez que asumió el poder defraudó a todos”, “Convenció con sus argucias que estaba vendiendo un producto milagroso para curar una grave enfermedad, y afectó gravemente la salud de muchos” o “Logró el ascenso, usando como argucia, sembrar desconfianza sobre sus compañeros de trabajo”.

Sin dudas, es en la política donde las argucias se usan como algo casi normal para lograr la legitimidad necesaria para alcanzar el poder o mantenerse en él. Ya desde la Grecia antigua, los sofistas enseñaban el arte de la oratoria, destinado a convencer, para lograr la aceptación de las propuestas, basado en expresarse de modo fluido y no demasiado claro, sino como se dice habitualmente, “hablando mucho, pero diciendo poco”.

En Publicidad, las argucias para lograr captar clientela también son aceptadas por los destinatarios, como algo propio de la práctica comercial, y la empresa que promete ciertos “milagros” no podrá ser condenada por dichas promesas, que se sabe, son solo argucias para captar compradores. Ejemplo: “Compré un jabón que dice le devolverá a mi piel la tersura de los 20 años, si bien sé que es una argucia, compré una bonita ilusión”.