Concepto de berrinche

La palabra berrinche procede en su etimología del latín “verres” o “verraco” término que se aplicaba al cerdo macho, que da berridos o gritos de rebeldía, pues estos reproductores, se ponen muy caprichosos, sobre todo con el paso del tiempo.

De este primer significado, su uso se extendió para nombrar cualquier rabieta, enojo acompañado de gritos y pataleos, lo que, si bien pueden darse a cualquier edad, son más comunes en los niños, especialmente entre el primer año de vida, y los 3 años de edad, donde no aceptan los límites, y como les cuesta expresarse con palabras, reaccionan mostrando su fastidio tirándose al piso, llorando desconsoladamente, gritando, arrojando cosas, golpeando, etcétera, en muestra de frustración. Las causas del berrinche son variadas y son las que le causan displacer (hambre, sueño, querer hacer algo no permitido, o adquirir un juguete, que se le negó, no querer bañarse, comer o dormir, etcétera).

Los niños deben aprender que no todo se puede, pero lógicamente, que algunas otras sí. Decirle que no a todo, tampoco es bueno para su desarrollo. Tal vez sea muy caro el juguete que eligió, pero quizás podamos comprarle alguna vez, uno más accesible, por ejemplo.

La situación de ver a un niño haciendo un berrinche, puede ser muy angustiante para los padres, pero no debemos dejarnos ganar por los nervios, y debemos mostrarnos calmos, para contener al pequeño, que está tratando de llamar nuestra atención. Si le gritamos, solo lograremos que el berrinche empeore. Si cedemos a sus demandas caprichosas, seguirá haciendo berrinches, pues ha aprendido que la técnica funciona. En cambio, si nos ve serenos, esperando que se calme, ofreciéndole otras alternativas (por ejemplo, sé que no tienes sueño, pero podemos intentar que te duermas mientras te leo un cuento que te gusta) y distrayéndolo, consolándolo con paciencia, verá que la estrategia solo le genera cansancio, siendo totalmente improductiva, y dejará de hacerlo. Solo hay que intervenir más activamente, si existen riesgos, como que se esté golpeando fuerte, se lastime, intente salir de la casa, etcétera.
Los berrinches suelen intensificarse si cambia el entorno del niño, como, por ejemplo, si nace un hermano, si la familia se muda, si los padres se separan, etcétera.

Los berrinches de nuestros niños, a veces nos dan vergüenza, cuando lo hacen en lugares públicos, pero debemos entender que esto es absolutamente normal, y que es parte del proceso de desarrollo hacia el autocontrol. Los berrinches a partir de los tres años se irán espaciando progresivamente, hasta que finalmente desaparezcan cuando el niño internalice la existencia de reglas y limitaciones, siempre y cuando se lo haya educado adecuadamente. Si persisten es conveniente hacer una consulta profesional a un psicólogo infantil.