Concepto de blasón

La palabra blasón probablemente se derivó del latín “Blesum” que era una ciudad de la Antigua Roma, que se encargaba de fabricar escudos durante la Edad Media. Esa ciudad es denominada en la actualidad, Blois, y está en la ribera del río Loira. Otros la hacen derivar del latín “blasus” en el sentido de “arma de guerra” De allí la tomó el francés como “blason” y así arribó luego al español, con el significado de “escudo de armas”.

Un blasón puede ser identificado con el propio escudo, o ser la figura que en él se estampa.

Existe una ciencia dedicada al estudio de los escudos de armas, que los describe y explica, que se conoce como ciencia del blasón o heráldica. Por eso blasonar es describir las armerías, siendo el blasón, su resultado, o sea, el producto de la descripción.

Los blasones se usaban para permitir el reconocimiento del guerrero que se ocultaba detrás de la armadura, pues la cara del caballero quedaba oculta detrás del casco. Es por eso que sobre sus escudos comenzaron a hacer dibujos que los distinguieran. La representación gráfica es la armería, y la descripción oral, el blasón. Los dibujos consistían en figuras geométricas, objetos (flores, símbolos, construcciones, armas, figuras de animales, etcétera) que representan ciertos atributos de su portador. Los colores de los blasones (esmaltes) se vinculan a valores, como el rojo con la valentía o el blanco con la franqueza.

Los blasones no deben estar recargados, y si el objeto se repite debe guardar identificación en cuanto a su forma, tamaño y tono, salvo que estén distribuidos en diferentes campos. Los hay simples o compuestos, según sean representativos de una persona física o jurídica individual, o de varias, respectivamente.

Una vez concedidos los blasones, éstos se heredan, pudiendo el sucesor hacerle añadidos.

También se lo usa como sinónimo de honor y gloria: “Ha conseguido su blasón luchando con entereza y heroísmo” o “Ganó la competencia y está orgulloso de sus blasones”.