Concepto de categórico

La palabra categórico, tuvo origen en el griego κατηγορικός (léase katēgorikós) de donde pasó al latín tardío, como “categorĭcus” aplicándose a aquella afirmación o negación que se expresa de modo indubitable, absoluto, de modo incondicional, sin admitirse objeciones ni réplicas. Quien se manifiesta de modo categórico, no vacila, está seguro de que su parecer es correcto, y no está abierto a considerar otras posibilidades.

Ejemplos: “El jefe fue categórico cuando les dijo a sus empleados que no habrá más aumentos de sueldos que los que legalmente correspondan, pues la empresa no está en condiciones económicas de afrontar mayores cargas”, “Mi padre fue categórico al decirnos que este año no habrá vacaciones como castigo a nuestras malas calificaciones” o “El Presidente del club, manifestó categóricamente que dejaba su puesto, pues no estaba cómodo en la institución”.

En la Lógica aristotélica, un juicio (enunciado que afirma o niega algo) categórico, es aquel que no está sujeto a condición alguna, por ejemplo: “El hombre es un animal racional” o “Todas las formas de vida, en algún momento mueren”. Los juicios no categóricos pueden ser hipotéticos, donde hay una condición en la relación entre el sujeto y lo que de él se predica: “Si mañana sale el sol, iremos a la playa”, o disyuntivos, donde se ofrecen alternativas en la afirmación: “El niño es obediente o díscolo”.

Tomando específicamente el pensamiento de Immanuel Kant, filósofo moderno prusiano que vivió entre 1724 y 1804, podemos encontrar el concepto de imperativo categórico, que aparece como núcleo de su concepción ética, expresado originariamente en el año 1785 en su obra “fundamentación de la metafísica de las costumbres” y luego en “La Crítica de la razón práctica” de 1788.

El imperativo categórico kantiano, es un mandamiento racional que aparece como premisa, y, a partir del cual, todas los deberes del ser humano pueden deducirse. Para Kant un acto será bueno, moralmente, cuando se ha obrado por deber, de acuerdo a la ley moral, que se le impone al ser humano como un imperativo categórico, o sea absoluto e indubitable, sin depender de condición alguna, ni estando vinculado con un fin específico, y debe cumplirse sin desviaciones, pues es una orden, autoimpuesta, en virtud de la libertad ética de la que goza el sujeto, que vale de modo universal, para todos, con independencia del tiempo y el lugar. Su formulación es la siguiente: “Actúa de tal forma, que tu voluntad sea capaz de valer siempre y al mismo tiempo, como ley universal”.

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