Concepto de complaciente

Complaciente es aquel que complace. Se deriva del verbo complacer, del latín “complacere” más el sufijo “nte” terminación de participio activo que indica el agente que realiza la acción.

Alguien complaciente es aquel que trata de dar a los demás lo que quieren, lo que les causa placer, en ocasiones dejando de lado sus propias necesidades y gustos.

Quienes son complacientes se muestran solícitos ante los reclamos ajenos, son considerados, atentos, y esto los coloca en una posición de protectores y benefactores. Por supuesto no estamos hablando de ser empáticos y solidarios con los problemas reales de los demás, que es indiscutible su bondad; sino de satisfacer cualquier pedido para solucionar aquello que ellos mismos pueden resolver o entregar cosas que no son de absoluta e imperiosa necesidad.

Los complacientes suelen ser muy apreciados y queridos, pero puede ocurrir que no poner límites a lo que los demás exigen, puede resultar una carga demasiada pesada y crear la posibilidad de permitir abusos. Por ejemplo: “Eres demasiado complaciente con tu jefe, si sigues aceptando quedarte más horas de las convenidas sin percibir horas extras, te considerará una buena empleada, pero le darás la oportunidad de seguir exigiéndote cada vez más, y llegará a abusar de tu buena disposición”, “Es tan complaciente que basta decir que necesitamos algo, para que lo adquiera para nosotros, por eso siempre le estamos reclamando cosas”.

Ser muy complaciente no es en general positivo para uno, pero no siempre tampoco es beneficioso para los demás, especialmente si son niños, ya que podemos convertirlos en seres caprichosos e inseguros, que no acepten que se les diga a nada que no: “Fui tan complaciente con mi hijo que hoy no valora nada y exige que se le consientan todos sus deseos” o “Poner límites a los niños es muy necesario, pues si siempre somos complacientes no sabrán cómo enfrentar sus frustraciones en el futuro”.

Si bien ser complaciente con los otros ocasiona ciertos beneficios como evitar peleas y discusiones, sentirse querido, etcétera, ser complaciente de vez en cuando con uno mismo y concedernos ciertos gustos, respetando nuestros intereses, sabiendo decir que no a demandas excesivas de terceros, es sano y conveniente, para lograr una vida plena y feliz, sin sucumbir a ser solo un instrumento manipulable de quienes pueden lograr las metas y objetivos por sí mismos.