Concepto de dilapidar

Dilapidar, procede del latín dilapidare”, vocablo integrado por el prefijo de separación “di” y por el sustantivo “lapis” que puede traducirse como “piedra”: significa literalmente tirar piedras en todas direcciones. En sentido figurado, dilapidar es un verbo de primera conjugación que se utiliza para mencionar el acto de derrochar o invertir de modo improductivo objetos de valor económico (dinero o bienes apreciables en dinero).

Se dice que alguien dilapida sus bienes cuando los malgasta, o sea, lo invierte en cosas superfluas e inútiles, arriesgando su patrimonio, lo que implica que puede caer en la miseria, quedando desprotegido él mismo, y/o su familia a cargo si la posee. Los gastos innecesarios o incluso nocivos pueden consistir en hacer apuestas en juegos de azar, compras de bienes lujosos o extravagantes, o de productos que lo afecten, tales como drogas, alcohol, etcétera.

En el Derecho Romano los que estaban declarados como dilapidadores compulsivos, eran los pródigos, a los que se les nombraba un curador para que autorizara sus gastos, y así protegerlo de sí mismo. En la actualidad aún subsiste esta protección legal. Así, por ejemplo, el Código Civil y Comercial argentino, en su artículo 48, los inhabilita para disponer de sus bienes, si tiene esposa, conviviente o hijos menores (no si solo se perjudica a sí mismo, situación que también se contemplaba en el Derecho Romano). Se le nombra una persona que le sirva de apoyo para realizar sus gastos. Lo que gasta debe comprometer su patrimonio, ya que, si alguien se excede en compras o inversiones banales o viciosas, pero tiene los bienes suficientes para ello, nadie tiene derecho a restringir su libre disposición.

También puede ser el objeto de dilapidación los recursos del Estado por parte de funcionarios públicos, lo que origina responsabilidades fundamentalmente éticas, aunque en ciertos casos, también civiles y hasta penales, si hubo ánimo de lucro.

Pueden también dilapidarse recursos energéticos, con las consiguientes consecuencias negativas para el medio ambiente y la población en general, al tratarse de recursos que no se renuevan.