Concepto de heredad

La palabra heredad, procede del latín “hereditas”, a su vez surgido a partir de “heres” en el sentido de heredero, y designa un conjunto de bienes pertenecientes a una familia y transmisible por herencia a sus descendientes, o, en su defecto, a otros parientes. En un principio, heredad se confundía con herencia, siendo todos los bienes que integraban el acervo sucesorio.

Actualmente, puede hacerse alusión, con heredad, en sentido estricto, a terrenos agropecuarios, o fincas rústicas, por ejemplo: “Su heredad tiene mucha extensión y se lo considera latifundista”, “No están bien demarcados los límites de la heredad que deseo adquirir, así que llamaré a un agrimensor para no tener problemas con los dueños de los campos vecinos” o “La heredad de la familia Pérez, es tan extensa, que varias de sus futuras generaciones, no tendrá que preocuparse por su subsistencia”.

Puede, también, usarse para nombrar, por extensión, todo el patrimonio inmobiliario, de alguien, persona física o jurídica, o bienes familiares, estén en el campo o en la ciudad.

El patrimonio de una persona, integrado por sus bienes o cosas de valor económico, mientras vive, le pertenecen. Los bienes pueden ser muebles o inmuebles. La heredad se refiere especialmente a estos últimos, pero también a los muebles, incorporados a la heredad, que se supone, legalmente, que la integran. A la muerte del dueño de los bienes, sus heredades, pasan a sus sucesores, testamentarios o legítimos, quienes se convierten en dueños únicos o en comunidades de bienes con otros herederos, de todo el patrimonio del causante. Los nuevos dueños, suman a sus patrimonios, los bienes recibidos, que, si son inmuebles, van a conformar su propia heredad, ya que, cuando ellos mueran, pasarán a sus propios herederos, y así sucesivamente, salvo que estos no existan, en cuyo caso la heredad, pasará al fisco.

Un caso particular, es la heredad de aguas, que se utilizó, especialmente, en las Islas Canarias, desde el siglo XVI, donde existía un conjunto de propietarios, que se constituían en socios de una fuente de agua que compartían, usándola, un tiempo cada uno. Primero, as heredades de agua, estuvieron lideradas por un alcalde de aguas, y, a principios del siglo XX, se conformaron como comunidades de regantes. La más antigua de las heredades de agua en Canarias, fue la de Las Palmas, fundada por orden de los Reyes Católicos, en 1501.