Concepto de divinidad

La palabra divinidad se originó en el latín “divinitas” estando integrado el término por el sustantivo “divus” que se traduce como “Dios” y por el sufijo de cualidad “itas”. La divinidad es lo que reúne la cualidad de Dios, como ente sobrenatural, trascendente, eterno y perfecto.

Desde los albores de la historia humana, probablemente en el Mesolítico, surgieron las creencias religiosas, para explicar a través de milagros el origen del mundo y de la vida, y los acontecimientos que nos involucran, que fueron objeto de asombro, interrogantes a dilucidar y necesidades que cubrir. En este último sentido, las divinidades en un principio eran medios para conseguir el alimento, necesidad básica y primitiva, y por eso las primeras divinidades surgen asociadas a la fertilidad. Otro grave problema a resolver era el de la muerte, y así las divinidades ofrecían un mundo a posteriori. En este sentido, surgen las tumbas, las oraciones a los difuntos y las técnicas para embalsamar los cuerpos.

La creación de un universo regido por leyes y la necesidad de darle un sentido a la existencia, impulsó a sentir que debía haber algo más allá de lo visible y tangible, y a pensar, por ejemplo, que debía existir un primer motor (Aristóteles) una causa primera de las que se derivaran las causas y efectos futuros. Ante la falta de evidencias racionales y explicaciones científicas sobre lo que era ese comienzo, se les atribuyeron a distintos elementos naturales, a objetos, a energías o a espíritus, poderes más allá de las posibilidades terrenales, y así nacieron las divinidades como objetos de culto, adoración y sumisión.

Algunas de esas explicaciones hoy son consideradas mitos (creaciones nacidas de la imaginación) como ocurre con la mitología griega o escandinava entre otras. Las religiones monoteístas siguen proclamando sus creencias como verdades reveladas a través de la fe., como ocurre con el judaísmo, el cristianismo o el islam. San Agustín, filósofo y obispo cristiano, llama al Dios cristiano, deidad y no divinidad, pues este último término lo asocia a los dioses politeístas precristianos.

Un uso frecuente en la actualidad es calificar de divino a todo aquello que nos llama gratamente la atención al punto de emocionarnos o hacerlo irresistible. Por ejemplo: “Vi unos zapatos divinos en la vidriera, no resisto la tentación de comprarlos”, “Tu hermana es divina, la conocí y enseguida me enamoré de ella” o “Me parece divino que planeemos un viaje juntos”.