Concepto de hermetismo

Es probable que la palabra hermetismo proceda de Hermes, dios griego, portador de mensajes divinos que no podían ser revelados, y/o del dios egipcio Toth, dios de los alquimistas, por ser poseedor de la sabiduría y los conocimientos mágicos, cuyas fórmulas eran secretas.

El hermetismo es lo que se predica de lo que es hermético, o sea, cerrado de modo infranqueable y seguro, pudiendo decirse de las cosas materiales, como, por ejemplo, una caja con cierre hermético; o de los pensamientos y hechos, cuando se mantienen en total reserva. “Ejemplos: “Si no mantienes el hermetismo de este frasco es probable que la comida que contiene, pierda sus propiedades de textura y sabor”, “El hermetismo que hay en este ascensor me está impidiendo respirar, creo que no cumple con los reglamentos de ventilación”, “Hay total hermetismo sobre las fuentes que propiciaron el dato relevante que difundieron los periodistas” o “Entre la población hay un gran hermetismo con respecto a quien van a elegir en los próximos comicios; ya que se resisten a responder encuestas”.

El hermetismo como doctrina filosófica

El hermetismo es una doctrina filosófica, basada en creencias metafísicas, perteneciente a Hermes Trismegisto, nombre dado por los griegos, y que significa “Hermes, tres veces grande” (el más grande entre los filósofos, reyes y sacerdotes o por alabar a la trinidad). Se trata de un personaje de existencia misteriosa y hasta dudosa, a quien se le atribuye haber realizado un sincretismo o conciliación entre los dioses griego y egipcio antes mencionados (Hermes y Toth) que tuvo gran influencia dentro de los alquimistas de la Edad media. Aparentemente, se han hallado sus escritos durante la dominación romana en Egipto, en los primeros siglos de nuestra era.

Es considerado por muchos filósofos cristianos, como Santo Tomás de Aquino o San Agustín, como un profeta pagano precristiano.

El hermetismo nos habla de un dios, como cosmos inmóvil, que es el Bien, de naturaleza femenina y masculina a la vez, eterno, que confiere unidad al universo, que es parte de él. En el universo las cosas se renuevan por obra del orden y del tiempo, y Dios lo creó con su palabra, no con sus manos. El segundo elemento de la tríada, que integra la realidad, es el cielo, que es el cosmos móvil. El ser humano, cuya meta es llegar a una comunidad con Dios, fue dotado por el Creador, del don de la palabra, pero es preferible callar, si lo que se va a decir no está impregnado del noûs (inteligencia) pues el ser humano, tercer componente de la tríada, es el cosmos racional, que tiene la aptitud de llegar con su mente, a Dios. El hombre tiene la misión sagrada de procrear, siguiendo la obra creativa de Dios.