Concepto de indefensión

La palabra indefensión, está compuesta por el prefijo privativo “in”, sobre el término defensa, que es la acción y el efecto de “defender”, del latín “defendere”, en el sentido de protegerse de un ataque.

La indefensión es el estado de vulnerabilidad en que se encuentra alguien que no se resiste, ya sea voluntariamente, por razones psicológicas, por fuerzas externas, o por imposibilidad de medios, frente a una agresión o una situación desagradable o injusta que lo afecta, y nadie lo protege frente a ello.

Ejemplos: “Al verse atrapado por la policía, el delincuente arrojó su arma al suelo, para entregarse, demostrando a las autoridades que se hallaba en estado de indefensión”, “Mi angustia me coloca un estado de indefensión que hace que no pueda protegerme de quien quiera hacerme daño”, “El secuestrador tomó a la víctima por el cuello, la subió al automóvil y la ató de manos y pies para colocarla en estado de indefensión” o “Mi madre ha quedado en estado de indefensión tras sufrir un accidente cerebro-vascular, así que si yo no estoy para ayudarla está completamente desprotegida”.

La indefensión legal

El derecho de defensa en juicio es un principio fundamental en el plano jurídico. Negarle a una de las partes de un proceso judicial esa facultad, es ponerlo en estado de indefensión, lo que torna ilegal el acto procesal, ya que todo imputado tiene derecho a ser oído y a presentar los medios de prueba que demuestren su inocencia o la atenuación de su culpa, y todo aquel que demanda tiene la potestad de dar a conocer todo aquello que pruebe su derecho. El impedimento a la defensa puede ser total o parcial, y pone a una de las partes en una situación más ventajosa que a la otra. Esto tiene como excepción el caso en que el estado de indefensión en que encuentra el litigante, se deba a su propia negligencia o que de modo voluntario decida no defenderse.

La indefensión aprendida

La indefensión aprendida es aquella actitud que toman los animales o las personas, que tras una serie de fracasos al querer revertir una situación que los afecta, optan por tomar una actitud pasiva, y se conforman con seguir viviendo de esa manera desagradable que podrían mejorar. Se siente que es inútil luchar y que por más que se lo intente los resultados negativos volverán a suceder, como ya ha ocurrido en otras oportunidades. Es el caso, por ejemplo, de los animales, que, tras varios intentos por salir de su jaula, deciden aceptar el cautiverio, o de las personas que intentaron dejar la bebida muchas veces, y al no conseguirlo, creen que ya no vale la pena resistirse a ese vicio, o la situación de un estudiante que tras varios fracasos en los exámenes opta por abandonar los estudios, sintiendo que jamás podrá aprobar los cursos.