Concepto de obstinado

Obstinado es un adjetivo, derivado del verbo latino, “obstinari” que se integra con siguientes términos: el prefijo de contraposición “ob” y el verbo “stanare”, en el sentido de “estar parado”. El sufijo “atus” es formador de adjetivos.

Alguien obstinado es quien se empeña en hacer una cosa o defender una idea, ya sea por estar convencido de ello en base a sólidas motivaciones, o a pesar de que a todas luces es impracticable o está condenada al fracaso, o es temeraria, o se le han dado razones fundadas para desestimar esa obra o pensamiento.

No es malo ser obstinado, si uno está convencido de que lo que dice, cree o hace, o intenta llevar a cabo, es factible y se han escuchado las razones que intentan que se los deje de lado.

Muchas veces, las personas, pueden intentar hacer cambiar a alguien de idea, por muchos motivos: celos, negatividad, rivalidad, e inventan motivos para que el otro desestime sus convicciones. Puede suceder también, que, ante el fracaso, las personas abandonen la empresa, y ser obstinado, puede hacer que se aprenda de los errores, y se intente nuevamente, valiéndose de la experiencia previa, para lograr el objetivo.

En estos casos, ser obstinado, es una virtud que le permite a la persona crecer y desarrollarse en plenitud, haciendo caso omiso de los escollos que intentan ponerle en su camino, por ejemplo: “Fui obstinado, y, a pesar de que mis padres no querían que me convirtiera en artista, me esforcé en ello, y hoy soy una persona feliz”, “Me fue mal en el ingreso a la universidad, pero no me amedrenté, estudié con obstinación, y, al año siguiente, pude lograrlo”, “El obstinado comerciante, no hizo caso de quienes le decían que su proyecto iba destinado al fracaso, y, estudiando el mercado y elaborando buenas estrategias, hoy es sumamente exitoso” o “El niño nació con una discapacidad, y, contra todos los pronósticos, su obstinación lo llevó por el camino del éxito”.

Ser obstinado es malo, cuando es parte de la personalidad, y jamás se atienden razones, por más fundamentadas que sean, pecando de soberbia y dogmatismo, por ejemplo: “El obstinado joven siguió consumiendo alucinógenos, a pesar de que muchos le advirtieron de los riesgos que corría” o “Se obstinó en conseguir dinero fácil, aunque era evidente que no iba por buen camino, y terminó en la cárcel”.

Escuchar a otros, es importante, pues nos permite evaluar críticamente nuestros pensamientos y acciones, lo que no significa, que tengamos siempre que hacerles caso.