Concepto de aferrar

Aferrar es un verbo de primera conjugación, intransitivo, pronominal y regular. Se integra con los siguientes términos tomados del latín: el prefijo de acercamiento, “ad” y “ferrare”, que designa la acción de sujetar algo para sostenerse o atesorarlo. “Ferrare”, a su vez, procede del latín “ferrum”, que se traduce como “hierro”, material muy duro y resistente. Por ello, aferrar algo, es tomarlo con tanta fuerza como si se tratara de sujetarlo con hierro.

Se trata de sostenerse y apegarse a cosas materiales o inmateriales, de las cuáles uno no puede desprenderse sin sentir que pierde algo de sí mismo. A veces sirven de sostén para poder sobreponerse o sobre llevar situaciones muy difíciles.

Ejemplos: “Me aferré a la idea de que mi hijo continuaba con vida, para poder seguir buscándolo y no desfallecer”, “Mi primo se aferra a los bienes materiales para lograr la felicidad, y así no lo conseguirá nunca”, “Para poder salvar su vida, en medio del naufragio, se aferró a un madero, y, agarrado a él, se desplazó hacia la costa”, “Se aferró a su marido, y perdió la confianza en sí misma, a tal punto que él tomaba por ella las decisiones trascendentes para su persona”, “El delincuente aferró al hombre por el cuello, para dominarlo y poder robarle sus pertenencias”, “A pesar de que el dictador intentó aferrarse a su cargo, la ciudadanía logró que se convoque a elecciones democráticas”, “En el debate, el legislador se aferró a su idea de no votar a favor de la nueva ley, y, como su voto era decisivo en el desempate, la norma no logró ser aprobada” o “Se aferró a la vida, y, con gran entereza, logró superar la gravísima enfermedad que la aquejaba”.

Si bien en ciertos casos, aferrarse a algo puede ser provechoso, como el ejemplo referido de hacerlo a un madero para no hundirse; en otros casos, puede ser perjudicial, como cuando nos aferramos a recuerdos que no nos permiten mirar hacia el futuro, o a cosas que ya no nos sirven, o a amores imposibles, que solo nos traen angustia. Aprender a soltar lo que pertenece al pasado y buscar nuevos horizontes, es aferrarse a la idea de que ser feliz es todavía posible.

En Náutica, su uso es muy frecuente, como el caso de aferrar las naves, al echar anclas, asegurando la embarcación en un puerto; o cuando se pliegan las velas y se las asegura a las perchas de los mástiles que se colocan perpendiculares al mismo, llamadas vergas, para que el viento no pueda desplegarlas.