Concepto de ahínco

La palabra ahínco es la acción y el efecto del verbo ahincar, vocablo integrado por el prefijo de aproximación “a” y por “hincar” en el sentido de “clavar”, como cuando coloquialmente decimos por el acto de comer: “le hincó el diente”.

En el ahínco, se trata de poner mucho empeño y dedicación en la consecución de un objetivo. Quien hace algo con ahínco lo efectúa de modo entusiasta; todo lo contrario de aquel que lo ejecuta con desgano y apatía.

Cuando se realiza con un fin noble es altamente positivo, y permite obtener grandes y merecidos logros, a veces impensados o que superan las expectativas: “El niño estudió con ahínco y logró aprobar todos los exámenes”, “La madre cuida a sus hijos con ahínco y amor”, “El trabajador pone mucho ahínco en hacer sus tareas y su jefe lo recompensó con un ascenso” o “El político pronunció su discurso con ahínco y la audiencia lo aclamó, dándole mucha ventaja electoral con respecto a su rival, que se manifestó de modo breve y poco contundente”.

Sin embargo, el ahínco en la realización de actos puede llevar a la obsesión cuando resulta desmedido: “Le puso tanto ahínco a las tareas domésticas que se ha convertido en una obsesiva del orden y la limpieza, y ya en ese hogar sus hijos no pueden ni jugar, ya que si desordenan, se altera mucho”, “La madre quiso criar a sus hijos con ahínco pero lamentablemente los sobreprotegió” o “Se empeñó con tanto ahínco en hacer rápido y bien su carrera universitaria, que se olvidó de disfrutar de su juventud, ya que vivió esos años solo para estudiar”.

Tampoco el ahínco es bueno cuando el fin es malo: “El ladrón diseñó su plan con ahínco, para que el atraco saliera a la perfección”.