Concepto de plasmar

Plasmar es un verbo de primera conjugación (termina en “ar”) que reconoce como origen etimológico el término griego πλάσσειν (puede leerse plassein) de donde pasó al latín como “plasmare” en el sentido de formar, moldear o modelar. Del latín pasó al español.

Para poder plasmar algo en sentido material se necesita que se trate de una sustancia que permita su cambio de forma, o sea, que no se trate de una materia rígida, por ejemplo: “He plasmado en esta arcilla la figura de una mujer” o “Los niños plasman en la plastilina diversos formatos de animales”.

Sin embrago, su uso más frecuente es para designar la materialización o concreción de una idea o de algún sentimiento, por ejemplo: “Plasmó sus emociones en un cuadro que se convirtió en una obra famosa que se expone en una importante galería de arte de la ciudad”, “Plasmé en palabras lo que sentía por ti, pero tu respuesta no fue la que esperaba”, “En tu rostro se encuentra plasmado el rencor que sientes por mí, ya que cuando te miro observo tu mirada severa y tu ceño fruncido” o “Trata de plasmar en tu discurso político todo lo que harás por tu pueblo y lo que sientes por él”.

Plasmar una idea de negocios, significa poder visualizarla, antes de hacerla efectiva. Llevar a cabo un negocio, o sea, una actividad rentable, no es tarea fácil, y requiere de una debida planificación y estudios de mercado, para evitar en la mayor medida posible, el fracaso. Como primer paso, cuando tenemos una idea en nuestra mente conviene escribirla, plasmarla en un papel, junto a sus costos, para poder revisarla y corregirla, advirtiendo sus fortalezas y debilidades. No debe ser un escrito largo, pues no se trata de un plan de negocios. En una o dos carillas puede estar plasmada la idea. Una vez que el proyecto está terminado, y el plan aprobado, la idea del negocio, que estaba en su origen solo en nuestra mente, se plasmará en una actividad concreta: “Su idea inicial de negocio, hoy está plasmada en una gran cadena de supermercados”.