Concepto de tecla

La palabra tecla se originó en el latín “tegula”, integrada por el sufijo “cula”, que es un diminutivo que se aplica sobre el sustantivo “tega” que se traduce como teja, o sea que una tecla es una tejita.

Las teclas son pequeñas piezas, en general de formato rectangular, aunque pueden ser cuadradas o redondas, que, al oprimirlas, producen efectos variados. Por ejemplo, si presionamos la tecla de un instrumento musical, como el caso del piano o del órgano, obtendremos un sonido, y, si lo hacemos con la de la luz, ésta se encenderá, si está apagada; o viceversa. Para pulsar las teclas, en general, se utilizan los dedos de las manos.

Las teclas de las antiguas máquinas de escribir, han sido reemplazadas por las del teclado del ordenador, que cumplen similar función, aunque permiten muchas más aplicaciones, ya que mediante ellas, se puede escribir, hacer gráficos, dibujar tablas, borrar, etcétera (pudiendo algunas teclas complementarse o reemplazarse con el uso del mousse) todo a esto a partir de los programas informáticos desarrollados e incorporados al CPU.

Ejemplos de uso: “Para encender la aspiradora debes apretar la tecla de arriba”, “Ya los teléfonos no tienen discos giratorios para marcar los números, sino teclas”, “Las teclas del piano no pueden tocarse arbitrariamente si desea obtener una armoniosa melodía”, “Mi calculadora tiene teclas demasiado pequeñas y no alcanzo a distinguir los números” o “La tecla de encendido de mi estufa está trabada”.

El conjunto de las teclas se denomina teclado.

La expresión “dar en la tecla” hace referencia a acertar sobre algo: “Di en la tecla cuando aseguré que mi hijo iba a ser un excelente profesional” o “Juan dio en la tecla al arreglar mi televisor, y ahora funciona perfectamente”.

Por otra parte, Tecla de Iconio, es una Santa de las iglesias católica y ortodoxa, conocida como Santa Tecla, que vivió en el siglo I y cuya vida conocemos a través de un texto apócrifo del siglo II, llamado “Los hechos de Pablo y Tecla” sin valor de evidencia histórica. Según este texto, Tecla fue una muchacha casta de Anatolia, que, al escuchar y considerar dignos de seguimiento, los sermones de San Pablo y su elogio de la virginidad, fue condenada a la hoguera, de la que se salvó por milagro y huyó con Pablo a Antioquía, donde tras repeler una agresión sexual por parte de un magistrado, fue nuevamente condenada, esta vez a las bestias, donde otro milagro la salvó.