Concepto de legitimidad

Lo legítimo es aquello que está conforme con la ley, positiva o natural; y la legitimidad significa, referida al poder, que los gobernantes son aceptados como legales por el pueblo, que acepta por ello obedecerlos.

Un gobierno que posee legitimidad obtiene el consenso de la ciudadanía hacia sus actos de gobierno, y por lo tanto habrá paz y estabilidad social. Si se pierde la legitimidad porque la población cree que el o los gobernantes no ajustan a la ley su actuación, le quedan a la autoridad dos caminos: o renuncia, o impone sus decisiones por medio de la coacción. Esto último puede sostenerse durante muy poco tiempo, pues la ciudadanía tiende a revelarse contra los regímenes despóticos, lo cual es un derecho constitucional (el de resistencia a la opresión).

Puede suceder que se haya asumido el mando legalmente, por ejemplo en las democracias por votación popular (o sea que poseían en ese momento legitimidad) pero si luego se ha procedido en forma injusta a juicio de los gobernados, éstos ya no respetarán a los poderes constituidos, que perderán legitimidad. Obviamente, nada impide que puedan recobrarla, dando marcha atrás con las medidas que provocaron el resentimiento popular y encaminarse en el rumbo de la equidad y así recuperar credibilidad y por ende, legitimidad.

Esta renovación de consenso ocurre en los regímenes democráticos donde se permite la participación popular, que renueva el apoyo al gobierno o lo retira. De todos modos, las dictaduras que algunas veces aunque asumieron de hecho y no en forma legal, fueron legitimadas por la población, que creyeron que las necesitaban para reestablecer el orden alterado, y por lo tanto las obedecieron; debieron dimitir, cuando la población comprobó sus actos sanguinarios y corruptos. Esto es lo que sucedió durante las dictaduras militares que oscurecieron la política latinoamericana en la década de 1970.