Concepto de antibiótico

La palabra antibiótico es un cultismo griego, acuñado en 1942 por el Doctor en Bioquímica de nacionalidad ucraniana, Selman Waksman, proviniendo de “biōtikós” integrado por “anti” que significa en contra; “bío” = vida y “tikos” que puede traducirse como “referido a”. O sea que de acuerdo a su origen etimológico podemos decir que un antibiótico es lo que alude a aquello que está contra la vida, aunque cabe aclarar que la vida que atacan los antibióticos, matándola (acción bactericida) o impidiendo su avance y desarrollo (acción bacteriostática) es la de aquellas bacterias y otros agentes, dañinos para el organismo animal y humano, e incluso vegetal, que producen infecciones.

Los antibióticos son sustancias extraídas de microorganismos que tienen la aptitud, en concentraciones bajas, de combatir a otros, aunque en la actualidad también integran el concepto otras sustancias de elaboración sintética.

Los antibióticos deben ser administrados siempre bajo el control del facultativo, ya sea médico, si se trata de personas, o veterinario en el caso de los animales, ya que pueden tener efectos colaterales (afectar la flora normal, alergias) y provocar que los microorganismos patógenos se hagan más resistentes.

Como ejemplos de antibióticos podemos citar a la penicilina, cuyo descubridor reconocido fue Alexander Fleming, aunque la paternidad de esta sustancia le es discutida) que la obtuvo de un hongo en el año 1929; y también extraída de un hongo, la estreptomicina fue elaborada por Waksman en 1944.

Un antibiótico ideal, debería poseer una potente y selectiva acción bactericida, y ser de amplio espectro (actuar sobre gran número de bacterias), no ser destruido por las enzimas tisulares, no alterar las defensas orgánicas, no ocasionar alergias, ni dañar los leucocitos, ni provocar resistencias en los microorganismos que ataca.