Concepto de detergente

La palabra detergente se originó en el latín “detergentis” derivado del verbo “detergere” con el significado de “limpiar” o “quitar la suciedad”.

En sentido amplio toda sustancia que elimina impurezas es detergente, incluso las que se usan para limpiar heridas.

El detergente es una sustancia con propiedades físico-químicas, que quita la suciedad sin corroer el material sobre el que se aplica y con capacidad humectante y de enjuague.

De este modo podríamos decir sin dudarlo que la saliva o el jabón son también detergentes, aunque cotidianamente solemos diferenciarlos. En sentido estricto detergentes son aquellas sustancias que eliminan grasas.

La principal distinción entre detergente y jabón, radica en sus grupos polares. Los jabones se obtienen por saponificación de las grasas o aceites con soluciones de hidróxido sódico o potásico, y como subproducto se obtiene glicerina. No sirven para limpieza en aguas duras.

Tanto jabones como detergentes están integrados por moléculas que poseen dos partes, una de ellas, formada por un gran grupo hidrocarbonado e hidrófobo (que repele el agua) y soluble en materiales orgánicos. La otra parte, está integrada por grupos polares hidrófilos (afines al agua). La parte hidrófoba tiene la aptitud de disolverse en grasa o aceite, mientras que la otra parte, puede arrastrar las gotas grasas al ser soluble en agua

Existen diferentes tipos de detergentes. Para lavar la ropa encontramos detergentes con presentación líquida, en polvo o en pastillas. Para lavar la vajilla se usa en general detergente líquido. Los detergentes ácidos no manchan, actúan de modo rápido y eficaz, por lo cual son usados con frecuencia para mejorar el aspecto de muros y fachadas, construidos en cemento o piedra. Luego de usarlo se debe enjuagar muy bien y neutralizar la superficie para evitar la corrosión.