Concepto de sabor

La palabra sabor proviene etimológicamente del latín “sapere” y significa poseer gusto y también inteligencia, por lo que comparte su origen con la palabra saber.

Los sabores se clasifican en dulce, salado, ácido y amargo, asociados con el sentido del gusto y el olfato. La lengua, a través de las papilas gustativas; y el olfato, se encargan de que el individuo sienta químicamente una respuesta agradable o desagradable, personal, pues la preferencia por determinados sabores no es universal, al colocar una sustancia en su boca. La preferencia no solo varía de un individuo a otro sino también de su estado anímico o del momento del día. En general se prefieren alimentos dulces para el desayuno y postres, y ácidos y amargos para almuerzos y cenas. Las embarazadas suelen sentir rechazo durante el período de gestación hacia ciertos sabores. Los niños son muy afectos a los sabores dulces, presentes en caramelos o chocolates, lo que debe controlarse pues puede ocasionarles varios problemas orgánicos, como caries dentales o hiperactividad.

El sabor amargo se halla asociado a situaciones desfavorables, y por eso en sentido figurado se aplican expresiones como “la muerte de su madre le dejó un sabor amargo” o “perder su empleo le ocasionó un sabor amargo”, o “sintió el amargo sabor de la derrota”. Por el contrario lo dulce se asocia con satisfacción como “el dulce sabor de la venganza” que dio origen al libro de Graham Lynne.

Además se utiliza la palabra sabor para referirse a las cuentas que se disponen en el freno con el fin de refrescar la boca del caballo.