Concepto de albañil

La procedencia etimológica de la palabra albañil es árabe. Viene al-bannā, que significa “el constructor”. En efecto, designamos como albañil a aquella persona que posee el oficio de construir y reparar inmuebles, destinados a la vivienda, al comercio o a la actividad industrial. Para ser albañil se necesita conocer de preparado de mezclas para levantar paredes o colocar pisos, saber la resistencia y confiabilidad de los materiales y cuáles sirven para sus distintas aplicaciones, tener fuerza suficiente pues es una actividad que requiere de mucho esfuerzo físico (es por eso que hay pocas albañiles del sexo femenino) y a pesar de haber progresado la tecnología tiene mucho de artesanal; ser prolijo y tener idea de cálculos y proporciones, además de un carácter amable para tratar bien y satisfacer a la clientela.

Concepto de albañil

Pueden trabajar de modo independiente, o bajo las órdenes de un arquitecto o maestro mayor de obras si se trata de ejecuciones importantes.

Ejemplos: “Llamé a un pintor para pintar mi casa, pero me dijo que primero debía reparar las grietas con un albañil” o “Necesito conseguir un albañil para levantar un cerco que divida mi patio del vecino”.

La albañilería comenzó a ser una ocupación importante desde que el hombre se hizo sedentario y armó sus primeras viviendas, al principio muy rudimentarias, y fabricadas por los propios moradores, pero luego se perfeccionaron con técnicas específicas que quedaron a cargo de quienes sabían de ellas, los que comenzaron a cobrar por hacer las casas y/o repararlas. En la Edad Media este oficio como tantos otros se agrupó en gremios, organizándose los talleres bajo la dirección de un maestro albañil, manteniendo en secreto algunos detalles del oficio.