Concepto de enemigo

La palabra enemigo proviene etimológicamente del vocablo latino “inimicus” que significa no amigo, pues el prefijo “in” implica negación. En la Antigua Roma eran “inimicus” aquellos a quienes no se consideraban amigos en la esfera privada, aún cuando no existiera ningún sentimiento negativo contra ellos, reservándose el término “hostis” para los que eran un peligro públicos o eran extranjeros en conflicto con Roma, por eso en las guerras no se hablaba de “inimicus” sino de “hostis”.

Los enemigos, prisioneros de guerra, en Roma, eran reducidos a la esclavitud, y considerados cosas, “muertos civiles” pues se le había perdonado la vida.

Actualmente empleamos el término enemigo tanto para la esfera privada como para la pública y no simplemente aplicado a quien no es amigo, o con quien se tiene alguna rivalidad o contienda, sino contra quien tenemos un sentimiento negativo manifiesto, ya sea porque nos hizo o creemos que nos hizo algún daño, porque no comparte nuestra ideología y trata de combatirla, con quien nuestra posición aparece como irreconciliable, etcétera, y en caso de guerra para quien pelea en el bando contrario, que en general es un desconocido que pelea por una causa diferente o en defensa de su patria, ya sea extranjero o del propio país, en caso de guerra civil. Ya no se consideran a los prisioneros como esclavos sino que están protegidos en general por la Convención de Ginebra.

También se usa el término en sentido figurado para hacer referencia a cosas, sentimientos o situaciones que nos disgustan, como cuando por ejemplo decimos: “Soy enemiga de usar tacones”, o “Es enemigo de la mentira”.