Concepto de peregrino

Proveniente etimológicamente del vocablo latino “peregrīnus”, compuesto por “per” que significa a través, y “ager” que se traduce como campo, se aplicaba en Roma a los extranjeros residentes en su territorio, provenientes de lugares con los cuales Roma no se hallaba en guerra, que se regían por su propio Derecho aplicado por el pretor peregrino, cargo creado en el año 247 a.C, para acompañar al pretor urbano, que ya existía desde el año 367 a. C. y que se ocupaba de los litigios en que intervenían ciudadanos romanos. A ese Derecho propio de los peregrinos lo llamaban Derecho de Gentes. En el año 212 les fue concedida la ciudadanía romana, por el emperador Caracalla.

En La Edad Media recibieron el nombre de peregrinos los viajeros que se desplazaban por motivos religiosos, como los musulmanes que peregrinaban a La Meca. El poeta español Gonzalo de Berceo (1197-1264) en sus poemas religiosos, usó la palabra peregrino, refiriéndose a los cristianos que se dirigían en procesión religiosa a Santiago de Compostela, Jerusalén o a Roma. Los primeros recibían el nombre peregrinos propiamente dichos, los segundos el de palmeros, y los terceros el de romeros. El concepto se aplica también a quien por cualquier otro motivo deambula por tierras que no le son propias.

Por extensión se denomina peregrina a todo individuo humano o animal que se dirige de un sitio a otro, como ocurre con las aves que migran en determinadas épocas del año, por ejemplo, las golondrinas.

También se aplica el concepto a quien abandona la vida terrena para pasar por causa de muerte, a la eternidad.