Concepto de lamento

En la palabra latina lamentum, que a su vez proviene del verbo clamare (quejarse, clamar,…), tiene su origen el actual concepto de lamento. Un término este con el que se define la muestra de aflicción, acompañada normalmente de un llanto, que puede realizar cualquier persona.

Ante una tragedia o un cruel revés del destino, que ha traído consigo una desgracia, es inevitable que un lamento surja de nuestra garganta. Mientras, las lágrimas serán también portavoces, a su manera, de esa tristeza que nos embarga.
La manifestación del más profundo dolor, eso es lo que es el lamento que ahoga el corazón y el alma. Un sufrimiento que intenta materializarse en lugares como el Muro de las Lamentaciones, también llamado Muro de los Lamentos, que existe en la ciudad de Jerusalén. Allí, miles y miles de judíos y visitantes apoyan su frente sobre la que fuera pared del Templo de Salomón para, en silencio, expresar a su Dios todas aquellas cosas que les hacen padecer.
Al mismo tiempo, como plegaria, piden la intercesión del Ser Supremo para que acaben sus penurias y la vida les ofrezca aquello que les dará la felicidad y la paz.
Pero, el lamento también es una muestra de arrepentimiento. Así, cuando llegamos tarde a una cita o a una reunión siempre damos a conocer a quien nos espera que lamentamos el retraso.
Y lo mismo sucede si hacemos algo mal en nuestro trabajo, nos dirigimos a nuestros jefes o superiores y le decimos: “lamento el error, no volverá a pasar”.