Concepto de perjuicio

La palabra perjuicio procede etimológicamente del latín “praeiudicium”, origen que comparte con la palabra prejuicio, de la que luego se distinguió para significar un daño o menoscabo material o moral que alguien (una persona física o jurídica) pueda sufrir, ante lo cual puede pedir judicialmente y en sede civil, una reparación patrimonial, si correspondiera. El monto de la indemnización por el perjuicio a veces surge de pruebas concretas, por ejemplo si se trata de un bien deteriorado o roto, y en otros casos, queda librado a la estimación judicial, como el caso de la pérdida de la salud o de los daños morales. Para poder actuar como demandante y que el reclamo prospere, el perjuicio debe ser probado por el actor.

Concepto de perjuicio

Para ello debe existir un sujeto activo responsable del perjuicio cometido. Si éste fuera ocasionado por un fenómeno de la naturaleza, accidentalmente o por un inimputable, en muchos casos el perjuicio es irreparable.

Por ejemplo, si el granizo destruye la chapa de mi automóvil solo podré pedir que se me indemnice el perjuicio material sufrido si he contratado una póliza de seguros que contemple ese riesgo. Si un animal salvaje me arruina mi tienda de campaña, obviamente no podré demandarlo, lo mismo que si alguien es perjudicado por cualquier hecho accidental, como serían las secuelas que nos dejan ciertas enfermedades y que dificultan nuestra vida cotidiana, o si el responsable es un niño o un demente, que actuaron a pesar de que quien tenía el deber de cuidado obró en forma diligente.

Algo similar ocurre con perjuicios poco relevantes, o que quedan dentro del círculo íntimo: “Al no aprobar las materias de este año y tener que estudiar en vacaciones has perjudicado a toda la familia, ya que nadie podrá irse de viaje por tu actitud irresponsable”.

El perjuicio es lo contrario al beneficio, ya que en este último caso, siendo algo positivo, se obtiene una ganancia o una mejora; y en el perjuicio, que siempre es negativo, se pierde o se deja de ganar.