Concepto de infringir

El verbo infringir, procede etimológicamente del latín “infringere”, conformado por el prefijo de interioridad, “in”, y por el verbo “frangere” que se traduce como “romper” o “quebrar”. Infringir alude a la acción de quebrantar normas sociales, morales, religiosas o jurídicas. Quien infringe las reglas, se denomina infractor.

Ejemplos:

“Venía distraído y pasé un semáforo en rojo. Por infringir esa norma de tránsito fui sancionado con una abultada multa”, “Me gusta infringir lo que impone la moda; y, aunque se rían de mí, me visto como quiero”, “Pasó gran parte de su vida tras las rejas, por infringir las normas penales” o “Me traicioné a mí mismo, al no ayudar a mi padre enfermo, y por infringir ese mandato moral, aunque mis hermanos lo cuidaron; mi conciencia no me deja vivir en paz”.

Las normas pueden ser autónomas o heterónomas. Las primeras están impuestas por nuestra conciencia; y si bien pareciera que somos libres de crearlas a nuestro antojo, esto no es así, pues nuestros valores morales son producto de la educación que recibimos dentro y fuera del hogar, pasadas por el tamiz de nuestro propio sentido del bien. Si infringimos una norma moral, nuestra conciencia nos acusará y nos quitará el sueño, y nos angustiará, lo que se conoce como remordimiento; el que dependerá del grado de sensibilidad de cada uno.

En el caso de las heterónomas (impuestas por otros) si infringimos convencionalismos sociales, como el que impone saludar, vestirnos de acuerdo a la ocasión, asearnos; es probable que seamos criticados y discriminados; si infringimos normas religiosas, como orar o ir a misa; el castigo será impuesto por la comunidad religiosa, con el riesgo de que, si no nos arrepentimos, nos prometen un castigo en otra vida, después de la muerte. En el caso de las normas jurídicas, el Estado impone sanciones efectivas a los infractores que varían de acuerdo a la gravedad de la falta o delito. Por ejemplo, infringir una norma der tránsito será castigado con una multa, robar o matar, con penas de prisión.

El ser humano es falible, y múltiples causas pueden motivar a infringir las normas: un mal consejo; buscar el camino más fácil; la tentación por lo prohibido; equivocarse en hacer la elección correcta, etcétera. A veces, puede también ser el resultado de un acto de rebeldía contra normas injustas, que, en caso de que sean infringidas, por un importante grupo social, pueden crear una contracultura, que, si se impone, puede crear nuevas reglas.