Concepto de aferente

La palabra aferente, procede del latín “afferentis” que se integra por el prefijo “ad”, equivalente a la preposición “hacia”, el verbo “ferre” en el sentido de llevar, y el sufijo de agente, “entis”. Un aferente es el calificativo que recibe, aquello que conduce algo hacia el interior de otra cosa, pudiéndose aplicar, por ejemplo, a las corrientes de agua que se dirigen hacia otra para desembocar en ella o a las personas que emigran de un lugar hacia otro destino. Lo opuesto a lo aferente, es lo eferente, que es aquello que conduce algo, hacia el exterior.

Sin embargo, aunque pueda usarse en varios ámbitos, el empleo más difundido del término eferente, es en el campo de la Medicina y la Veterinaria, aplicándose a todo aquel conducto, que lleva alguna sustancia o impulso, desde un lugar, hacia otro del organismo.

Hablamos, dentro del sistema nervioso, de neuronas aferentes, receptoras o sensoriales, refiriéndonos a aquellas que cumplen la función de transportar los impulsos nerviosos hacia el sistema nervioso central, desde los órganos receptores, en una dirección que va, desde la periferia, al centro. Algunas de estas neuronas aferentes son somáticas, pues llevan sensaciones, como, por ejemplo, dolor, calor o frío; y otras, muy pocas, son viscerales, pues trasladan estímulos desde las vísceras. El sistema nervioso visceral o autónomo, es en general, eferente, aunque hay algunas fibras aferentes, como las que transmiten la sensación visceral y regulan los reflejos vasomotores y respiratorios.

Por medio del sistema aferente, procesamos, especialmente, los datos sensoriales. El estímulo es percibido, y se transmite, comunicándose con interneuronas especializadas, y luego, se genera una respuesta, desde el SNC, de acuerdo a ese estímulo; ya que cuando, se recibe, por vía eferente, se traslada el impulso del centro a la periferia, a los órganos encargados de responder. La vía aferente, el centro, y la vía eferente, conforman el arco reflejo.

Las arteriolas aferentes, son los vasos sanguíneos, que colaboran con la regulación de la presión sanguínea, y se encargan de abastecer de sangre a las nefronas, ubicadas en la corteza renal, en un número que supera el millón, por cada riñón. Son encargadas de filtrar la sangre, para purificarla, y excretar los desechos, a través de la orina.