Concepto de capilar

La palabra capilar procede del latín “capillaris”, término integrado por “capillus” en el sentido de cabello, más el sufijo de relación “aris”. Capilar es lo que está relacionado con el cabello. Así por ejemplo una loción para el fortalecimiento capilar, le da fuerza y lozanía a la cabellera; o el caso de un masaje capilar, que se sostiene, contribuye a hacer que el pelo se vuelva más suave, brillante y evita su caída, al aumentar la irrigación sanguínea, y aliviar la tensión que provoca el estrés una de las principales causas de la pérdida de cabello. Científicamente esto no está demostrado.

Pero también puede aparecer capilar como sustantivo, por extensión, por su semejanza con el aspecto de un cabello, referido a los tubos muy finos, de cobre u otros materiales, de uso frecuente en sistemas de refrigeración.
Los capilares sanguíneos son otro ejemplo de su uso por semejanza con el aspecto del cabello, pues se aplica a los vasos sanguíneos, cuyo diámetro es muy escaso, siendo de entre 8 y 12 micras (milésima parte de un milímetro) que conforman redes e integran el sistema circulatorio. Por ende, la sangre circula por ellos con cierta dificultad y lentamente.

En su recorrido, la sangre, pasa por las arterias y por las arteriolas y desde allí se dirige hacia las redes de capilares.

Los capilares solo están integrados por una capa de tejido, con función de intercambio de sustancias (oxígeno, dióxido de carbono productos de desecho y nutrientes) entre su interior y el intersticio celular correspondiente a los tejidos. Hay diferentes tipos: los capilares venosos que llevan al corazón la sangre sin oxígeno; y los arteriales que conducen a todo el organismo la sangre oxigenada. Los capilares venosos absorben los desechos celulares, mientras que son los arteriales los que proveen a los tejidos de sustancias provechosas.