Concepto de dicha

El origen etimológico de la palabra dicha lo hallamos en el latín “dicta”, participio plural y neutro del verbo “dicere” en el sentido de “decir”, por lo cual literalmente significa “las cosas dichas” especialmente cuando lo que se expresaba era el destino favorable de un sujeto al nacer, que le vaticinaban los dioses en el mundo pagano pre cristiano.

Es por ello que la dicha se asocia a la buena suerte, que trae de la mano, la felicidad, búsqueda humana como fin, según Aristóteles. La dicha es un estado anímico de alegría y plenitud, que se acompaña de serenidad espiritual y ánimo gozoso. Las causas de la dicha pueden ser varias; algunas transitorias, en cuyo caso sería una alegría, y otras más duraderas, que estarían asociadas a la felicidad.

Ejemplos: “Tengo la dicha de contar con tu presencia en este evento”, “Desde que nació mi hijo, la dicha me acompaña siempre”, “Tengo la dicha de ser adulto y aun conservar vivos a mis progenitores” o “Fui dichoso el día que te conocí, pero me sumí en la tristeza el día que te marchaste”.

La dicha es subjetiva, ya que un mismo hecho o situación puede a algunos causarles dicha, y a otros no. Las personas pesimistas encuentran en su vida pocas fuentes de dicha, ya que no pueden disfrutar ni de las pequeñas ni de las grandes cosas que les pasan, pues a todo le ven el lado negativo.

En el Salmo 32 de la Biblia, se habla de la dicha de los creyentes al ser perdonados de sus pecados por Dios.
Dicha es también el nombre con el que vulgarmente se conocen ciertas hierbas, oriundas de Chile, cuyas hojas y también sus frutos, son punzantes.

Como adjetivo, puede referirse a objetos o sujetos femeninos que antes se han mencionado, por ejemplo: “María y Teresa son amigas. Dichas damas trabajan juntas” o “La costura y el tejido son la pasión de mi abuela. Dichas actividades la entretienen en sus horas de ocio; ya que para ella no son un trabajo sino una distracción”.