Concepto de desdicha

La palabra desdicha se compone del prefijo latino de privación “des” y de “dicha”, surgida del latín “dita” que puede traducirse como “cosas dichas sobre el destino de alguien, o “fatum” en latín, que con el tiempo se complementó como buen augurio o presagio”.

Cuando hablamos de desdicha, hacemos referencia a la ausencia de dicha o felicidad, a la falta de placer, y por el contrario, existencia de pesar o sufrimiento. Muchas son las causas en que puede fundarse la desdicha: “Tuve la desdicha de perder a mi madre siendo muy joven”, “Por desdicha no aprobé el examen que tanto había preparado y perderé el año”, “Fue muy desdichado enterarme que mi mejor amigo padece una enfermedad terminal”, “Las guerras solo traen desdichas” o “Me inundó la desdicha al enterarme que la empresa de mi familia presentaría la quiebra luego de que varias generaciones se hayan esforzado en su progreso”.

Nadie está exento de sufrir desdichas, ya que la felicidad no reina siempre en nuestras vidas, y tal vez esos dolores nos sirven para apreciar más los momentos buenos, aunque algunas son tan graves que marcan a las personas para siempre.

La desdicha puede ser pasajera o perdurar en el tiempo, convirtiendo todo una vida en desdichada: “Mi desdicha acabará pronto, cuando mi padre se divorcie de mi malvada madrastra”, o “Nunca acabará mi desdicha, ya que un terrible accidente me arrancó a mi único hijo, y no podré superar esa desgracia jamás”.

Hay personas que son resilientes y no se dejan ganar por la desdicha, aprovechando cada adversidad o golpe de la vida para salir fortalecidos, viviendo cada situación traumática como un aprendizaje. Sin embargo personalidades pesimistas y débiles pueden vivir como desdicha el más pequeño traspié y convertir el resto de su vida en un infierno. Por supuesto, un problema muy grave los sume en una desdicha tal que los enferma de angustia y depresión.